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Con esa facilidad que a menudo tienen los artistas para sintetizar en dos palabras las cosas que pasan, el actor Raúl Sender ha definido inmejorablemente lo que está pasando. Él se refería estrictamente al mundo de la farándula y sus aledaños, pero lo cierto es que su afirmación vale también y, quizás, todavía más para la inmensa mayoría de las cosas que suceden en la vida pública española: Vivimos el éxito de lo cutre, ha sentenciado. Y la verdad es que no se puede decir mejor. Se publican libros y columnas con ínfulas filosóficas que no son otra cosa que auténticos bodrios, y sus autores y representantes, que han perdido el más elemental sentido del decoro, se quejan de que no se les entiende, y hasta pretenden que los medios de comunicación les hagan críticas elogiosas y entrevistas a toda plana; otros, apoyados y cacareados por las diversas Internacionales de la desvergüenza, se escudan en en el tópico de pretendidas autobiografías, que a nadie le interesan, para meterse con la Iglesia a la que dicen pertenecer, y disfrazan de mala literatura sus propias frustraciones y fracasos personales en seminarios y noviciados. Deberían sonrojarse si no hubieran perdido la capacidad de sonrojo. |
| Otros pululan por esos bordes programas kleenex de la tele que, tristemente, no son una exclusiva nacional; vean cómo el caricaturista de Le Nouvel Observateur ironiza sobre la fatua vanidad de algunos engreidos franceses que se creen grandes. Ocurre en toda la Europa del euro, y no digamos en la del no euro, llenas ambas de tartufos y de preciosas ridículas. Para no herir la susceptibilísima sensibilidad de sus delicados corazones, mejor es ahorrar nombres, pero el que tenga oídos para oír, que oiga, y el que quiera entender, que entienda.
Que no, que la Iglesia no son los anormales según la primera acepción del Diccionario, anormal quiere decir fuera de la norma que se niegan a celebrar misa en sufragio de víctimas del terrorismo. Que la Iglesia es la que forman quienes piden, con todo derecho, esas misas, y quienes las celebran. Que juzgar por algunos a toda la Iglesia es como decir que los medios de comunicación, o el Parlamento, o la Justicia, o lo que ustedes quieran, de nuestra sociedad, son cómplices de ETA porque en alguno de ellos hay algún indeseable Pepe Rei. Lo anormal es la excepción que confirma la regla. También en la Iglesia, que está formada por seres humanos. ¿Por qué se aplican a la Iglesia unas categorías que, en justicia, no se aplican a los demás? ¿Han visto ustedes esa conmovedora fotografía del Lehendakari señor Ibarretxe, cogido de la manita del ex-Presidente de Italia señor Cossiga, que se ha permitido exhibir su ignorancia y su sectarismo anti-español hace unos días, en tierra española? ¡Qué foto más tierna! Y el señor Cossiga, ante las lógicas críticas de los españoles, osa recordar que es un ex-Presidente de Italia. Debería haberlo tenido muy presente antes de decir las insensateces que ha dicho. Por lo demás, y en cuanto a la foto, si un ciego guía a otro ciego... Gonzalo de Berceo |