RetrocesoA&ONº 245/1-II-2001SumarioEn portadaContinuar
Los primeros cardenales del tercer milenio
Pocos días después de cerrar la Puerta Santa del Jubileo —aunque nos ha recordado que la que quedaba abierta más que nunca
es la Puerta que es Cristo—, el Papa ha abierto otra por octava vez, la del Consistorio, con la elección, primero de 37,
y luego de 7 más, nuevos cardenales que recibirán el capelo cardenalicio el próximo 21 de febrero, vigilia de la festividad
de la Cátedra de San Pedro. Pero, ¿quiénes son exactamente los miembros de este senado del Papa?
Cuándo han aparecido en la Historia? ¿Cuál fue y es su papel? Ser cardenal es una responsabilidad
y un don que sobrepasa el hecho de ser, además, elector del sucesor de Pedro
BenjamínR. Manzanares

Durante el rezo del Ángelus del domingo 21 de enero pasado, y ante miles de peregrinos, Juan Pablo II anunció el que será su octavo Consistorio, con el nombramiento de 37 nuevos cardenales, 32 de ellos menores de 80 años. Y una semana después, el Papa —que nunca nos dejará de sorprender— anunció el nombre de 7 nuevos cardenales. Dos de ellos, son los que el pontífice se había reservado in pectore (en el corazón) en el Consistorio de 1998, por razones de prudencia pastoral: el arzobispo de Lvov de los Latinos,el ucraniano Marian Jaworsli, y el arzobispo de Riga, el letón Janis Pujats. Pero la mañana del pasado domingo trajo una sorpresa mayor cuando el Papa anunció el nombre de otros cinco obispos que desde el domingo 21 de enero tenía también in pectore.

Estas dos nuevas hornadas de cardenales suponen más de un cuarto del total del actual Colegio cardenalicio (135) llamado a elegir, en su momento, al próximo sucesor de Pedro. Con los nuevos nombramientos, se rebasa una vez más el límite numérico establecido por el Papa Pablo VI, y confirmado por Juan Pablo II.

De los 44 nuevos cardenales, 11 son cercanos colaboradores del Pontífice en la Curia Romana, 26 son arzobispos de importantes diócesis del mundo, un obispo y un patriarca, que podrán ser electores; los otros cinco, aunque han superado los 80 años de edad, han sido auténticas sorpresas. Pero no las únicas. El elevado número de arzobispos de Iberoamérica ha sido otra de las sorpresas, ya que, en total, el Papa ha nombrado once cardenales de los países evangelizados por los misioneros de la península ibérica. No olvidemos que de estos países proceden casi la mitad de la población católica del planeta.

Aun sabiendo que con más de ochenta años un cardenal no puede participar en la elección del sucesor de Pedro, en caso de Cónclave, Juan Pablo II ha querido elevar a la dignidad cardenalicia, por su encomiable servicio a la Iglesia, a dos venerables prelados y a tres beneméritos eclesiásticos, que ya han superado esta edad.

Como señaló Juan Pablo II, los nuevos purpurados vienen de diversas parte del mundo. En ellos se refleja muy bien la universalidad de la Iglesia con la multiplicidad de sus ministerios: junto a los prelados beneméritos por el servicio ofrecido a la Santa Sede, hay pastores que gastan sus energías en contacto directo con los fieles. La internacionalización del Colegio cardenalicio —promovida por los Papas especialmente a partir de la segunda mitad del XX— tendrá en el próximo Consistorio su expresión más clara. En la actualidad, 58 países están allí representados. De los 135 electores, 65 —menos de la mitad— son de origen europeo. Y del total de los 185 cardenales, Europa cuenta con 97; el continente americano, con 51 (33 de Iberoamérica, y 18 de América del Norte), de los que 40 son electores; 17 proceden de Asia (con 13 electores); 16 de África (con 13); y 4 de Oceanía, todos ellos electores.

Si con Pío XII los cardenales italianos eran más de la mitad, con Pablo VI este porcentaje disminuyó a una tercera parte, y en las últimas décadas ha continuado descendiendo. Con los 7 nuevos cardenales italianos nombrados, su país pasa a tener 24 electores. Italia sigue siendo el país con mayor número de cardenales, 41. Estados Unidos, con 13 cardenales, 11 de ellos electores, es el país de América con mayor número de cardenales. Habría que añadir a Norteamérica los dos cardenales electores de Canadá. En segundo lugar está Brasil, con 7 cardenales electores, seguido de Colombia (3), México (3), Argentina (2) y Chile (2), y uno, respectivamente, de Ecuador, Honduras, Venezuela, Perú y Bolivia. Es decir, en un futuro Cónclave todo lo que es el centro y el sur del llamado continente de la esperanza cuenta prácticamente con un representante. Alemania, con los nuevos nombramientos, cuenta con 9 cardenales, y nuestro país con 7, aunque sólo 4 podrían participar en un futuro Cónclave. Y del paese lontano que vio nacer a Juan Pablo II, proceden 6.

Entre los 44 nuevos nombramiento, se encuentran 10 religiosos, como el salesiano monseñor Maradiaga, el jesuita padre Roberto Tucci o el franciscano monseñor Wilfrid Fox Napier. Los religiosos pasan así a ser 33 en el Colegio cardenalicio, de los cuales 26 son electores.

El octavo Consistorio de Juan Pablo II será el más numeroso, frente a los 15 cardenales, por ejemplo, que nombró en el primero, en junio de 1979. Y será asimismo el más numeroso de la Historia. De los actuales 185 cardenales, uno ha sido creado por Juan XXIII, 23 por Pablo VI, y 161 por Juan Pablo II. Las últimas palabras del Pontífice en la mañana del 21 de enero se dirigieron, de un modo emotivo, hacia otras personas, muy queridas para mí, que por su dedicación al pueblo de Dios bien merecerían ser elevadas a la dignidad cardenalicia. Espero tener en el futuro la oportunidad de testimoniarles, también de esta manera, a ellos y a los países a los que pertenecen, mi estima y mi afecto. Para talla humana, la del Papa.

MUCHO MÁS QUE ELECTORES


Cardenal es una palabra que viene del latín cardo-inis (eje, quicio), lo que ya indica el fundamental papel eclesial de apoyo al Papa que desarrollan. La tarea de un cardenal no se limita, ni mucho menos, a elegir a un nuevo Romano Pontífice. Baste echar una mirada al pasado y al presente de la historia del Colegio cardenalicio para confirmarlo. Sin ir más lejos y por poner algún ejemplo, Juan Pablo II envió recientemente a Tierra Santa al cardenal Roger Etchegaray para clausurar allí, en nombre del Papa, el Jubileo del año 2000. ¿Qué es hoy día un cardenal en la Iglesia católica? Los cardenales presiden, en su nombre, grandes acontecimientos eclesiales, o son enviados con misiones específicas (recientemente a Pekín, a Moscú,...), y colaboran directamente con el Papa, que les consulta, en el gobierno de la Iglesia.

El Código de Derecho Canónico, respecto a los requisitos para ser elegido cardenal, dice así en su canon 351: Hombres que han recibido la ordenación sacerdotal y se distinguen por su doctrina, piedad y prudencia en el desempeño de sus deberes; aquellos que todavía no son obispos deben recibir la consagración episcopal. Los miembros del Colegio pertenecen a tres órdenes: el de los Obispos, el de los Presbíteros, y el de los Diáconos. Es un modo de reconocer y recordar su origen y su razón de ser: el Presbiterio al servicio directo del Obispo de Roma.

Junto al capelo cardenalicio, se les otorga la titularidad de una iglesia de las tradicionales de la Ciudad Eterna. Se trata de mantener viva la significativa tradición de Iglesia de Roma —tendrán que tomar posesión de su iglesia titular y, si es necesario, sostenerla económicamente—, origen histórico de su título de Príncipes de la Iglesia. Los primeros cardenales eran los presbíteros de las 25 iglesias de Roma. Su doble nacionalidad expresa, además, la unidad y la universalidad de la Iglesia, su carácter romano y, al mismo tiempo, universal.

El canon 349, afirma que los cardenales, además de constituir un Colegio especial cuya responsabilidad es proveer a la elección del Romano Pontífice, asimismo los cardenales asisten al Romano Pontífice, tanto colegialmente —cuando son convocados para tratar cuestiones de más importancia—, como personalmente, mediante las distintas funciones que desempeñan, ayudando sobre todo al Papa en su gobierno cotidiano de la Iglesia universal.

El Código cardenalicio habla de los cardenales como de un Colegio que puede tratar las cuestiones de mayor importancia en la Iglesia. Y es que, como consejeros del Papa, los purpurados actúan colegialmente con él a través de los Consistorios convocados por el sucesor de Pedro. Consistorio quiere decir Asamblea de cardenales presidida por el Papa. Éstos pueden ser ordinarios o extraordinarios. En el primero se reúnen los cardenales presentes en Roma, otros obispos, sacerdotes, invitados especiales y expertos, y se trata a menudo de alguna consulta sobre cuestiones importantes, o para dar solemnidad especial a algunas celebraciones. Al Consistorio extraordinario son llamados todos los cardenales y se celebra cuando lo requieren algunas necesidades especiales de la Iglesia, o de mayor gravedad. Por ejemplo, Juan Pablo II convocó a uno en 1994 en la perspectiva de la preparación del Año Jubilar. Y en cuanto al Consistorio del próximo día 21 de febrero conviene señalar que se trata de un Consistorio público.

A partir del siglo XVI la Curia romana se fue articulando en torno a varias Congregaciones, que son comisiones permanentes en las que los cardenales tienen especiales responsabilidades encomendadas por el Papa, para atender al gobierno de los múltiples campos de la vida y de la acción de la Iglesia en todo el mundo. A la cabeza de cada una de estas Congregaciones, así como de los Consejos Pontificios, hay normalmente un cardenal, y son miembros de estos organismos de la Santa Sede (llamados también Dicasterios) otros cardenales, así como arzobispos y obispos de todo el mundo.

Los cardenales reciben el tratamiento de Eminencia, y los que trabajan para la Curia romana y residen en el Vaticano, o en Roma, son ciudadanos del Estado de la Ciudad del Vaticano. A los obispos se les pide que presenten su renuncia al Papa cuando cumplen los 75 años de edad; los cardenales, al sobrepasar los 80, no pueden participar en el Cónclave, y cesan también de ser miembros de la Curia romana, de cualquier dicasterio de la Santa Sede.

SÍMBOLO DE FIDELIDAD

El cardenal viste sotana de color rojo púrpura. La púrpura era el color de los trajes de los patricios romanos, cuyo uso después fue reservado al emperador. El Papa y los cardenales llevaron el hábito rojo, hasta Pío V que, siendo dominico, en 1566 decide seguir llevando el hábito blanco de su Orden después de su elección como Romano Pontífice. Sus sucesores continuaron con esta costumbre, mientras los cardenales visten de rojo púrpura, y recibían el capelo cardenalicio, insignia de su dignidad, hoy sustituido por la birreta roja. El rojo púrpura ha adquirido el valor simbólico de reclamo a la fidelidad hasta el martirio.

Como oíremos de nuevo en el próximo Consistorio, el color púrpura o de sangre de la birreta de los cardenales es para significar que deben estar dispuestos a portarse con fortaleza, hasta el derramamiento de la sangre, por el incremento de la fe cristiana, por la paz y la tranquilidad del pueblo de Dios y por la libertad y la difusión de la Santa Iglesia Romana. Sin ir más lejos, en el siglo pasado varios cardenales han sufrido la cárcel o la persecución en los países del Este; algunos han caído mártires de la violencia, como el cardenal Emile Biayenda, arzobispo de Brazzaville (en el Congo Brazaville), asesinado en 1977; o el cardenal Juan Jesús Posada Ocampo, arzobispo de Guadalajara (México).

Normalmente hoy son cardenales los obispos de las diócesis más significativas del mundo. Y asimismo el Colegio cardenalicio cuenta con numerosos eclesiásticos que han prestado servicio en las instituciones centrales de la Iglesia (o en la diplomacia de la Santa Sede), o bien que han sido llamados a trabajar en la Curia romana. Algún otro eclesiástico recibe la púrpura cardenalicia porque se ha distinguido por méritos particulares, como por ejemplo ha ocurrido, entre otros, con los teólogos de Lubac, Congar, o ahora el jesuita padre Avery Dulles.

Hoy los cardenales, esencialmente, o trabajan en la Curia romana, o están a la cabeza de las diócesis más significativas. Los últimos Papas han llamado a menudo al servicio de la Curia romana, con cargos de gobierno, también a cardenales u obispos (después nombrados cardenales) que
procedían del servicio pastoral. Esto se encuadra en el proceso de internacionalización de la Curia romana. A menudo, el Papa manda a un cardenal como representante suyo, Enviado o Legado apostólico, para manifestar su presencia o su particular atención en algunas celebraciones o eventos de especial relieve en la vida de la comunidad eclesial.

En el último texto legislativo sobre elección del Papa, la Constitución apostólica Universi Dominici gregis de 1996, Juan Pablo II se refiere a la tradición secular que hace del Colegio cardenalicio el órgano electoral de la Iglesia romana, aunque con algunas modificaciones y ajustes.

Al despuntar el tercer milenio, el cardenalato sigue siendo una institución de gran relieve en la Iglesia católica, destinada a tener una influencia importante, no sólo en la elección de un nuevo Papa, sino en la guía, dirección y atención cotidiana de este pueblo que atraviesa la Historia portando, en vasijas de barro, la Verdad y el sentido de la vida que se hizo carne hace dos mil años en Belén.