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¿Qué significa para usted su nombramiento por el Santo Padre como cardenal de la Iglesia?
Mi impresión y mi reflexión, que también he venido haciendo es que el Santo Padre ha querido devolver a Toledo la genuinidad de lo que el arzobispo de Toledo representa en la Iglesia. Muchos toledanos lo reconocen agradecidos al Santo Padre: Nos alegramos mucho por usted, pero más por Toledo. Y yo les digo: Estoy muy alegre porque a Toledo se le ha quitado la tristura de tener un arzobispo que no fuera cardenal. Ser, no ya cardenal, sino arzobispo de Toledo yo nunca me lo esperaba. Y del Consistorio como tal, ¿qué lectura hace? Recorriendo la lista de todos los elegidos, veo que el Santo Padre ha querido potenciar mucho a América, y, segundo, al tercer mundo. Esa gracia de expandir una representatividad de cardenales, pone a la Iglesia católica de cara a lo que realmente tiene que ser. Incluso, al final, dijo aquellas palabras tan emotivas: Sé que hay otras personas que merecerían la dignidad cardenalicia. Espero tener en el futuro la oportunidad de testimoniarles, también de este modo, a ellos y a los países a los que pertenecen, mi estima y mi afecto. Es evidente la primacía de la pastoralidad, tan significativa tras aquellas palabras con las que, no hace mucho, elPapa llamó a la cordura a algunos diciéndoles que tienen que pensar más en su santidad que en puestos deslumbrantes. |
| Ahora en Toledo, ¿cuáles son y van a ser sus prioridades?
Nuestra prioridad pastoral, ya programada desde el pasado noviembre para el año que viene, está en la línea no sólo de la Tertio millennio adveniente, sino también de la Novo millennio ineunte. De cara a la trayectoria futura, no dejo de leer y de meditar la última Carta apostólica de Juan Pablo II cuando dice que tenemos que contemplar más el rostro de Cristo, y seguir adelante en la ejecutoria del Año Santo. Esta Carta suya no es más que el comienzo de lo que piensa decirnos después. Tenemos que estar muy atentos a todo lo que quiera sugerirnos. Entre sus tareas reconocidas está la atención a las vocaciones sacerdotales. ¿Qué tal va el seminario en Toledo? Gracias a Dios, estamos dándonos cuenta del milagro que supone para la diócesis, y también, en cierto modo, para España y para toda la Iglesia. Actualmente tenemos, de la diócesis, 97 teólogos. Reciben la ordenación 15 sacerdotes al año, de los que Toledo absorbe diez. Podemos ofertar a la Iglesia cinco o seis. Tengo muchísimas peticiones de América, y también de otras diócesis españolas necesitadas. Vamos distribuyéndolos poco a poco. ¿Dónde está nuestro secreto? Si hay que buscar una razón pastoral, sería la siguiente: Toledo tiene 22 arciprestazgos; en cada uno he puesto a un sacerdote dedicado a la pastoral vocacional. Así vamos funcionando, gracias a Dios. A éstos, hay que añadir algunos que vienen de otras diócesis españolas. Siempre, desde luego, pido la autorización del señor obispo del lugar de procedencia. Ahora hay dos de Santo Domingo, cuatro de Puerto Rico, cuatro de Ruanda y Burundi. Es una maravilla de convivencia y de mutuo enriquecimiento. LA FE CATÓLICA, EN ESPAÑA
¿Cómo ve el panorama de la fe en España, y qué es lo que más urge atender? Creo que falta que nuestros creyentes asuman el empeño de testimoniar su fe con una actividad más comprometida: no basta con ir a misa los domingos. Eso es debido; pero, después, hay que significarse en el trabajo apostólico, y, sobre todo, en el trabajo familiar, que es la gran laguna que en España tenemos. Desgraciadamente, España está sufriendo la angustia de ver cómo las chicas y los chicos que llegan al matrimonio los pocos que llegan, además, al matrimonio canónico, en definitiva luego no siguen la conducta que tendrían que seguir con toda coherencia y normalidad. No debemos olvidar lo que nos dice el Concilio: el laico en la Iglesia marca un estilo de vida propio, y en la pastoral diocesana puede hacer una labor impresionante. Tras este Consistorio, parece evidente que el peso de quienes rezan a Dios en español ha aumentado significativamente en el Colegio cardenalicio. Sin entrar en quinielas de ningún tipo, de cara a la sucesión de Juan Pablo II, cuando Dios lo disponga, ¿cómo ve el futuro de la Iglesia? Veo que hay un grupo de electores italianos, españoles, europeos, que marcan una línea bastante clara, dando paso a una apertura hispanoamericana; pueden influir bastante en una visión más universalista de la vida de la Iglesia. Ciertamente cada pontificado, providencialmente, es una bendición de Dios. Para el que venga hay que pensar que el Espíritu del Señor, que está siempre sobre la Iglesia, nos conceda su gracia. ¿Qué ha supuesto para usted, ya en este momento, Juan Pablo II en la Historia? A Juan Pablo II me tocó conocerle muy de cerca ya durante mis doce años en La Rioja, dada la vinculación del cardenal Eduardo Martínez Somalo, riojano, con el Papa. El Papa, por ejemplo, no fue a La Rioja, en su segundo viaje a España, sencillamente por aquella bomba que hubo en Loyola. Cuando el Papa estuvo dos horas y media en helicóptero esperando en Vitoria, tenía que haber ido a La Rioja. Se lo dije al presentarle una peregrinación diocesana de La Rioja: Su Santidad había pensado visitarnos durante su último viaje a España; por eso ahora los riojanos, representando aquí a La Rioja, le saludan. Juan Pablo II es una maravilloso regalo de Dios a la Iglesia y al mundo; es un Papa que ha puesto el listón muy alto. De cara a ver lo que él proyecte en este tiempo que el Señor disponga de él, entre nosotros, creo que tenemos que estar muy abiertos, porque con toda seguridad es de resultados insospechados. Ahora su próximo viaje a Ucrania va a ser importantísimo: es la apertura, otra vez, a todo ese mundo tan misterioso, tan encerrado sobre sí, y, sobre todo, con el problema que hay del ecumenismo. Es uno de los grandes Papas de la Historia. Alfa y Omega |