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J. C. Roma
El deber de no traicionar la fe testimoniada con el martirio por generaciones enteras ha llevado a Juan Pablo II a empeñarse en emprender el próximo viaje a Ucrania (junio) y a no abandonar la idea de ir a Moscú, a pesar de las dificultades.Esta tesis se ve confirmada con el anuncio de siete nuevos cardenales, hecho por JuanPablo II, entre los que se encuentran dos de Ucrania y uno de Letonia. Es imposible comprender el pasado viaje papal aRumanía, y el que proyecta emprender a Ucrania, sin recordar la situación de los católicos en estos países del Este. El paso en masa de algunas poblaciones, con su obispo, a la obediencia de Roma, manteniendo sus tradiciones y liturgia ortodoxa, causó amargura en la población ortodoxa. Estos cristianos, llamados greco-latinos, de Ucrania pudieron pensar, en un primer momento, que los primeros pasos de diálogo por parte del Vaticano (la ostpolitik) eran una traición. Se comprende que, en ese ambiente, es difícil establecer relaciones serenas con la Ortodoxia. A raíz de la ausencia del Patriarca de Moscú, Alejo II, en el encuentro ecuménico de Graz (Austria, 1997), salió a la luz el malestar de la Iglesia ortodoxa rusa respecto a los viajes del Papa alEste. La intención de Juan Pablo II no es otra que cumplir sus deberes pastorales adquiridos con los millones de católicos arrancados de sus tierras, deportados a Siberia, con la esperanza que desaparecieran. No han desaparecido: han conservado la fe. Y, como es lógico, el Papa siente el deber pastoral de encontrarse con ellos. |
| Los greco-latinos de Ucrania ya tienen un nuevo pastor: se trata de monseñor Husar, quien ha sido nombrado arzobispo mayor de Lvov, de los Ucranianos, y a quien Juan PabloII acaba de nombrar cardenal. De 68 años, según la tradición de las Iglesias orientales, fue escogido por el Sínodo de los Obispos de las Iglesias de Ucrania, quien después presentó su propuesta al Papa. Juan Pablo II acaba de hacer pública su confirmación. Sustituye al cardenal Miroslav Ivan Lubachivski, fallecido a los 86 años el pasado 14 de diciembre. Acogerá a Juan Pablo II del 23 al 27 de junio.Del éxito de esa peregrinación dependerán, sin duda, las buenas relaciones entre la Ortodoxia y el catolicismo y una posible visita del Pontífice a Moscú, como ha reconocido hace unos meses el cardenal designado Walter Kasper, secretario del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos.
Juan Pablo aterrizará el próximo 23 de junio, Dios mediante, en Kiev (Ucrania), tierra ortodoxa, sagrada para el Patriarcado de Moscú. Tras la caída del comunismo, la Ortodoxia rusa ve con mucho recelo el renacimiento de la Iglesia católica en aquellas regiones. En este ambiente de tensión, influyentes sectores de la Iglesia ortodoxa se han revelado contra el viaje papal. RELANZAR EL DIÁLOGO
La noticia la dio por primera vez la agencia misionera de noticias Fides: el Sínodo de los Obispos de la Iglesia ortodoxa rusa ha pedido al metropolitano Vladimir, representante del Patriarcado ruso de Kiev, que escribiera una carta oficial para convencer al Pontífice de que no emprenda su viaje, carta que el portavoz vaticano negó que hubiera sido recibida enRoma, a la vez que añadía: Durante su visita pastoral espera poder contribuir a relanzar el diálogo ecuménico. El mismo Juan Pablo II lo confirmó el 25 de enero en la basílica de San Pablo Extramuros. Y, sin embargo, la oposición ortodoxa se ha confirmado. Alguien, posiblemente el patriarcado de Moscú, ha logrado por el momento detener la carta del obispo de Kiev. Desde el derrumbamiento de la Unión Soviética, Ucrania ha acumulado todas las tensiones surgidas en el seno de la Iglesia ortodoxa propias de los pueblos eslavos. El peso de la Iglesia ucraniana en la Ortodoxia rusa es enorme. Hace diez años existían en el país más de 150.000 parroquias ortodoxas (en Rusia sólo quedaban unas 6.000), 8.000 de las cuales se han emancipado de la jurisdicción del patriarcado ortodoxo de Moscú. En Kiev, el obispo metropolitano se sublevó contra su Madre Rusia tras no haber sido elegido cuando el Santo Sínodo escogió al actual patriarca, Alejo II. En su oposición a Moscú, Filaret fue excomulgado por el mismo Patriarca de Moscú y reducido al estado laical. En respuesta, se autoproclamó Patriarca de la Iglesia ortodoxa ucrania. Al mismo tiempo, ha logrado convertirse en el principal interlocutor de los dirigentes políticos ucranianos. Una humillación para Alejo II y Vladimir. Pero éste no es el único cisma ortodoxo de la ortodoxa Ucrania. Algunos cientos de parroquias se han reunido creando la Iglesia ortodoxa ucraniana autocéfala. Por otra parte, más de 3.000 parroquias ucranianas han vuelto a la jurisdicción greco-católica (católicos que, si bien mantienen las tradiciones ortodoxas, son fieles al Papa), que, en 1946, había sido suprimida por el régimen. Se trata de parroquias católicas de rito oriental que habían sido expropiadas en tiempos de Stalin. Los templos y casas parroquiales fueron expropiados y entregados a la Iglesia ortodoxa. Una comisión mixta ortodoxo-católica, en la que participan el patriarcado de Moscú, la Santa Sede, y representantes locales, está estudiando soluciones para evitar estos problemas. |