RetrocesoA&ONº 245/1-II-2001SumarioRaícesContinuar
Maravillas de la Edad Media
Más de cien piezas de tesoros medievales, muchas de ellas consideradas obras maestras, supervivientes natas
a los siglos y a las generaciones, están expuestas, hasta el 28 de febrero, en la Real Colegiata de San Isidoro,
de León. Este marco incomparable es la sede de Maravillas de la España medieval. Tesoro Sagrado y Monarquía,
que quiere servir a la vez de homenaje a nuestro rey don Juan Carlos I, por sus 25 años de reinado.
Contemplando esta muestra, el visitante podrá comprender la relación tan estrecha que,
en la Edad Media católica, existió entre la monarquía y la Iglesia
A. Llamas Palacios

En la Edad Media, cuando un rey llegaba a una población, todos los habitantes salían a su encuentro agrupados por parroquias para recibirle, enarbolando cada una la cruz procesional y sus reliquias más preciadas. Cuando lo divisaban en la distancia, entonaban Bendito es el que viene en nombre del Señor. Esto es una muestra del carácter sagrado que se les atribuía a los monarcas en esta época, junto con dos virtudes esenciales, la piedad y la justicia. La piedad solían demostrarla los monarcas convocando concilios que orientasen a la Iglesia, los cuales ellos presidían; o patrocinando la construcción de catedrales y monasterios. Las donaciones que se hicieron con este último motivo fueron tantas que los grandes templos cardenalicios y monasterios dedicaban libros enteros sólo para recoger los documentos de las donaciones.

Las imágenes que se conservan de las ceremonias de coronación, los símbolos y los emblemas reales nos ayudan a entender la concepción sagrada del monarca, que en ellos aparece como soldado de Cristo, cabeza de la Iglesia nacional, o fiel devoto…

En la primera sección de esta exposición, El rey consagrado, se pueden observar algunas imágenes de coronaciones, actas de concilios, como las Actas del Concilio de Jaca, de mediados del siglo XII, que se conservan en el archivo de la catedral de Jaca, o libros de privilegios como el Libro de las estampas o el Llibre dels Privilegis.

En la guerra, los estandartes con las imágenes de santos protectores tuvieron gran protagonismo, como el Pendón de Baeza, que muestra a san Isidoro a caballo portando una cruz en una mano, y en la otra una espada. Una vez terminado el combate, los soldados daban gracias a Dios y se repartían el botín conseguido: banderas, telas, plata, pedrería…, y una parte importante se donaba a los templos como tesoro. Muchas iglesias conservan todavía hoy, dentro de su tesoro sagrado, piezas de botines de guerra. La misma colegiata de San Isidoro, que acoge esta exposición, tiene una bella colección de este tipo: telas, maderas pintadas, marfil, etc.

La capilla real contaba con todo lo necesario para celebrar la Eucaristía, pero además guardaba el tesoro, o relicarios, que el rey iba acumulando. Cuando éste salía de viaje, siempre se hacía acompañar por su capillla. Es curioso e interesante conocer el origen de la palabra capilla. Carlomagno conservaba su reliquia más preciada, la capa de san Martín (capella), en su oratorio privado. Por un efecto metonímico, lo que contenía a la capa fue denominado con el mismo nombre que ésta (capella-capilla), y a los sacerdotes custodios, capellani-capellanes. Relicarios como el de la Santa Faz de la Virgen, el Peine relicario del cabello de la Virgen, o el Díptico de las dos Verónicas pueden verse también dentro de la sección dedicada a La capilla real.

Los monarcas designaban lugares privilegiados, en las catedrales o monasterios, para su enterramiento. Se cuidaba mucho la suntuosidad y la belleza de los monumentos funerarios, y una muestra de ello, que puede admirarse en la exposición, es el sarcófago de Isabel de Aragón, la tela de las Carvajalas, la lápida sepulcral de Sancho III, etc.

Los cálices también tienen su lugar en esta muestra, pudiéndose admirar aquí algunos importantes y bellos, como el de doña Urraca, o el cáliz de plata de María de Luna.

Las custodias comienzan a hacerse populares cuando, a partir del siglo XIV, se difunde la costumbre de exponer la hostia consagrada a la vista de los fieles, y por eso también se denomina ostensorio. La custodia turriforme de Ibiza, o la custodia de Enrique IV son dos ejemplos que se muestran en la exposición.

Las sección de las cruces, dentro del grupo de secciones Ornamenta Ecclesiae o Tesoro sagrado, nos dejan ver obras imprescindibles dentro del arte antiguo español, como la Cruz de los Ángeles o la Cruz de Lucedius.

Alfonso X ensalzó los milagros de la Virgen en sus Cantigas, y los reyes medievales en general sintieron especial predilección por Ella; en la exposición se pueden observar obras en metal, como la Virgen de Roncesvalles, en esmalte, como la Virgen de la Vega, o Vírgenes extrañas y difíciles de encontrar, por haber sido perseguidas por la Inquisición, como la Virgen abridera de Salamanca, que se conserva en su catedral.

Los libros sagrados y las lecturas pías son, finalmente, junto con los relicarios, las últimas joyas que se muestran en esta exposición. La Biblia, que fue el libro más difundido en la Edad Media, puede contemplarse en varios ejemplares en los que se ve claramente la evolución de las formas de representación de la misma, o las imágenes. También hay que destacar los Libros de las Horas, muy bellos y conocidos.

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