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En el marco de la celebración del Jubileo del año 2000, la Iglesia española y cada una de las Iglesias particulares hemos sido invitadas a mirar, desde la Pastoral de la Salud, este tiempo de gracia como una ocasión única de reafirmar nuestra fe en Cristo salvador, introduciéndonos en la razón más honda del significado de este Año singular y de recordar, agradecidos, la entrada de la salvación de Dios en nuestra historia humana con la Encarnación hace 2.000 años. Por ello hemos dirigido la mirada hacia el acontecimiento que marca y define la vida del hombre: sentirse salvado gracias al don de la encarnación del Verbo de Dios, expresión de amor del Padre, que ha entregado a su propio Hijo para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.
La Pastoral de la Salud en España, en comunión con toda la Iglesia, ha tratado de asumir las oportunidades y desafíos que este gran acontecimiento plantea a su acción evangelizadora, y ha vivido el Jubileo de los Enfermos como un kairós de luz y de gracia para la nueva evangelización del mundo de la salud. Muchos y muy diversos han sido los enfoques que se han dado en las distintas diócesis españolas. Todos ellos han marcado la reflexión y el compromiso de nuestra acción evangelizadora en el campo de la salud. Pero es en el misterio y en el acontecimiento de la Encarnación, sobre todo, donde encontraremos nuestra base, fundamento y razón de ser: Cristo, al asumir la condición humana, expresa de forma culminante la pasión de Dios por el hombre; renueva a la Humanidad dignificándola, y ayudándola a asumir su propia condición humana, a fin de que todo hombre, recuperada su dignidad y sanado en profundidad, se convierta en una nueva criatura, y, al mismo tiempo, en instrumento de solidaridad y de sanación para los demás: Tanto amó Dios al mundo ; He venido para que tengan vida ; Vete, y haz tú lo mismo. |
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Jesús ayer, hoy y siempre, ungido por el Espíritu para evangelizar a los pobres, y que pasó por la vida haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal, nos llama a presentar hoy el mismo Evangelio de la vida. El Evangelio que Jesús de Nazaret proclamó ayer por la fuerza del Espíritu, se prolonga hoy en la Iglesia por la fuerza dinamizadora del mismo Espíritu de Jesús. Ese mismo Espíritu sigue siendo el protagonista de la realización de la obra de Jesús, y el que vivifica a la Iglesia y la impulsa a anunciar a Cristo.
Si éstos eran los motivos de dicha celebración, no podíamos olvidar los objetivos que pretendíamos conseguir: - Agradecer a Dios, origen de todo bien, el don de su Hijo en la Encarnación, quien por nuestra salvación se hizo hombre y asumió nuestras debilidades, se hizo salud y nos dio salud, dignificó al hombre, nos acercó y nos manifestó la solidaridad de Dios, haciéndonos hombres nuevos. - Ante la distracción respecto a los grandes problemas e interrogantes que plantea la existencia humana (el dolor, la muerte, la enfermedad, etc.), darnos cuenta de que no podemos volverles la espalda, sino descubrir la perentoria necesidad de dar una respuesta a estos mismos interrogantes, desde la vida y desde nuestro compromiso eclesial y personal. - En el umbral del tercer milenio, y ante el proceso de cambio económico, político y social al que estamos asistiendo, la Pastoral de la Salud en España quiere estar atenta a las nuevas pobrezas. Por ello es necesario seguir analizando las situaciones para conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza. Y, desde el hacer silencioso, solidario, impulsor de acercamiento, de comunión eclesial, lograr compartir las esperanzas de los hombres. - Hacer memoria de nuestro compromiso: nuestro acercamiento al sufrimiento ajeno; descubrirlo sin dar rodeos; acercarnos al estilo del Buen samaritano. Para ello, nos hemos comprometido a mostrar que quienes estamos convencidos de que creemos en la Vida, que Dios es amor, ahora queremos ser testigos del abrazo de Dios; que a través de nuestras palabras y gestos, Dios sigue amando al mundo. Que el entusiasmo por Jesús y por el hombre herido, nos anima y convence con la fuerza de su palabra y la claridad de su testimonio a seguir su vida: Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo habéis hecho. Por ello, el Departamento de Pastoral de la Salud, de la Conferencia Episcopal Española, ha invitado a todas las delegaciones a hacer una Jornada de Oración el día 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, con los distintos grupos sensibilizados en este campo de la salud y la enfermedad, a la luz del Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II. No ha sido sólo este acontecimiento lo programado por el Departamento. Con esta ocasión, ha organizado y animado otras iniciativas, como unas Jornadas Nacionales para delegados y agentes de Pastoral de la Salud. Han sido muchos, variados y ricos los acontecimientos que han tenido lugar, a lo largo de toda la geografía eclesiástica española: peregrinaciones a santuarios marianos; celebraciones comunitarias de la Unción de Enfermos en las parroquias, Residencias de Ancianos, Hospitales; celebraciones Eucarísticas en el domicilio de los enfermos, siendo acompañados por sus visitadores en nombre de la comunidad parroquial y familiares; visitas domiciliarias a enfermos que no han podido estar presentes en celebraciones parroquiales o diocesanas; peregrinaciones jubilares celebradas en las catedrales y presididas por su obispo, etc. La valoración que podemos ofrecer desde la Iglesia Española y desde este Departamento de Pastoral de la Salud no puede ser más positiva y satisfactoria. Y ello porque se nos ha recordado e invitado a entrar serenamente en la contemplación agradecida de este misterio y de este acontecimiento que es la Encarnación, que nos invita seriamente a vivirla en nosotros, con el mismo estilo y talante de Jesús. Hermenegildo Centeno |