RetrocesoA&ONº 246/8-II-2001SumarioLa vidaContinuar

Una vida de entrega a la santidad
La Madre María del Carmen Hidalgo Caviedes falleció el 1 de febrero en el monasterio de Santa María de la Almudena, Casa Madre de la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, de Madrid. El día 25 de abril del año 1938, durante la guerra civil española, ella y el inolvidable don José María García Lahiguera (actualmente en proceso de canonización) se comprometieron a fundar una Congregación contemplativa de religiosas, dedicada al ofrecimiento de sus vidas por la santificación de los sacerdotes y de la Iglesia.

La aprobación de esta Congregación encontró, en sus primeros momentos alguna dificultad en Roma, debido fundamentalmente al nombre de Oblatas de Cristo Sacerdote. La Madre María del Carmen, en noviembre de1949, entregó una carta personal a Pío XII suplicándole que se aceptara dicha denominación y explicando e porqué. El 13 de mayo de 1950, coincidiendo, precisamente, con el nombramiento de don José María García Lahiguera como obispo auxiliar de Madrid-Alcalá, se recibió desde Roma el Nihil Obstat para la erección de la Congregación, con el nombre solicitado. En 1967, obtuvo la Aprobación de Derecho Pontificio y de sus Constituciones. Hoy, la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote cuenta con siete monasterios por toda España.

Con celo incesante, la Madre María del Carmen infundió en cada una de sus hijas el espíritu y carisma propios de la Congregación que tiene como sublime y alta misión la santificación de los sacerdotes; por este motivo, lógicamente, todos los sacerdotes, en general la valoran y la aprecian particularmente. La vida de María del Carmen Hidalgo de Caviedes ha consistido en seguir, día a día, con alegría, el camino ascendente de la santidad, en un doble sentido: santidad personal hasta llegar a Dios, y ofrecimiento de su vida por la santificación de los sacerdotes y de la Iglesia. Su relevante personalidad llena la espiritualidad española de casi todo el siglo XX. La austeridad y sencillez que presiden y son reglas de esta Congregación, para mayor gloria de Dios, hacían realmente que fuera una religiosa abierta al mundo y a cuantas personas (religiosos o seglares) se dirigirían a ella para pedirle consejo espiritual; siempre correspondía con la palabra oportuna, amable y certera, dejando por ello un gran recuerdo y un vacío muy difícil de llenar. Sobre todo, desde el silencio de su vida de oración y entrega, ha colaborado, unida a Cristo Sacerdote, para que el ministerio de los sacerdotes sea fecundo en las almas. Su vida constituye un punto de referencia básico y un gran ejemplo a seguir no sólo por las religiosas de su Congregación, sino por todos.

La Madre María del Carmen Hidalgo de Caviedes y Gómez descansa en paz en su monasterio de Madrid, junto a don José María.

Juan-Felipe Higuera Guimerá
Catedrático de Derecho
Penal de la Universidad
de Zaragoza