RetrocesoA&ONº 247/15-II-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, la Federación de Mujeres Progresistas, la Asociación Empresarial de Bares de Copas y Pubs de la Comunidad de Madrid, y la Concejalía de Mujer, del Ayuntamiento de Móstoles, han editado un cartel de su Campaña de Prevención de Malos Tratos para Jóvenes, en el que aparece, expresivamente, un puño de boxeo del que brota un ramo de lirios. Está muy bien. Lo que ya no está tan bien es el texto que han buscado para acompañar al dibujo, en el que se lee textualmente (y pido perdón a los lectores): El amor no es la ostia (sic). Debajo, añaden: Aceptar un primer maltrato es el principio de una larga humillación. Y es verdad, sólo que lumbreras tan excelsas deberían haberse dado cuenta de que escribir ese lema es, para la inmensa mayoría no ya de los creyentes sino de la gente civilizada —incluida la falta de ortografía, intencionada o no—, un evidente e intolerable primer maltrato, y, por consiguiente, el principio de una larga humillación que no tenemos por qué admitir. En al ángulo inferior derecho ponen un interesante baremo para medir el nivel de autoestima. Lo primero que deberían hacer es aplicárselo a sí mismos.
¿Has visto que se meten contigo en "El Siglo"?, me comenta un amigo. Mi sorpresa es doble: primero, porque creía que hacía tiempo que había dejado de publicarse, y segundo, y sobre todo, porque ni se me había pasado por la cabeza que pudiera haber curiosos impertinentes, por esos andurriales, como ése Del Cañuelo, que pudieran seguir lo que yo escribo. Si no lo veo, no lo creo. ¡Hasta recogen una de mis frases como pie de foto! Total, para dejar constancia escrita, en un farragoso artículo en el que mezcla a Zapatero con los maitines y las vacas locas, de que la COPE ha sido y es una temible arma propagandística. ¡Pues qué bien, ¿no?!

Jesús jamás habría pisado el palacio de un dictador como Pinochet: así, en una muy poco afortunada alusión a Juan Pablo II, titula El País una entrevista de Juan G. Bedoya a Juan Arias, nombrado, por lo que se ve, para la ocasión, no se sabe por quién, portavoz de Jesús. Parece mentira que Juan Arias, con todas las veces que ha leído los evangelios, los haya olvidado hasta el punto de no recordar lo que los evangelios —y éstos sí que son portavoz de Jesús— ponen en su boca: No he venido a salvar a los justos, sino a los pecadores. Por cierto, se llamen Pinochet o Fidel Castro.

Gonzalo de Berceo