RetrocesoA&ONº 247/15-II-2001SumarioDesde la feContinuar

Entrevista al arzobispo de San Salvador, monseñor Fernando Sáenz Lacalle
Esperanza, en medio del dolor
He podido contemplar los estragos materiales de la tragedia, y me he sentido conmovido en el encuentro
con el rostro doliente de Cristo, cuya luz ha de ser reconocida hoy en el sufrimiento de tantos hijos
salvadoreños
. Son palabras del arzobispo de San Salvador a Alfa y Omega:
Benjamín R. Manzanares

¿Cuál es la situación actual en la zona del terremoto?

La parte oriental del país ha sido la más afectada. Las construcciones de adobe están mucho más afectadas que las de otras estructuras, que han resistido muy bien. Muchísimas casas de campesinos se han venido abajo. Ha habido muchos daños: casas, iglesias antiguas, carreteras... Una de las parroquias más antiguas de Santa Tecla ha sufrido daños irreparables.

¿Cuál es la mejor forma concreta de ayudar?

Al principio eran necesarios alimentos y ropa para las personas sin hogar. Ahora la urgencia está en la construcción de 150.000 viviendas provisionales, antes de que venga la estación lluviosa en mayo. Después vendrá la reconstrucción de viviendas, hospitales, escuelas e iglesias. 330 iglesias han sido dañadas. La mejor manera de ayudar es la aportación económica. Cáritas es un buen vehículo de ayuda porque va directamente a las Cáritas de allá, así como a la Conferencia Episcopal, que tiene mucha más versatilidad en el destino de los fondos, porque, mientras ya hay algunas organizaciones que tienen un destino fijado, el dinero que va a la Conferencia Episcopal se destinará a donde haga falta. Las instituciones de la Iglesia son las que menos gastos administrativos tienen y son muy eficaces, ya que llegan de un modo muy directo al necesitado, a todos los necesitados, sean del credo que sean.

¿Cómo ha sido la respuesta, de España, y del resto del mundo?

La respuesta de España ha sido generosa y rápida. En la del resto del mundo también ha habido cosas ejemplares. Estados Unidos ha ayudado mucho y de una manera muy directa. Otros, como México, han ayudado mucho; fue el primer país que llegó con socorristas y con un destacamento del Ejército. La Conferencia Episcopal Italiana ha enviado un donativo de un millón doscientos mil dólares. El arzobispo de Boston envió a tres personas para recabar datos y ha enviado un donativo muy generoso. Hemos recibido ayudas de zonas muy dispares: desde una colecta del arzobispo de Miami, o de un grupo de salvadoreños de Nueva Orleans, a la de una radio católica de Costa Rica que invitó a los oyentes a enviar víveres y ropa. Y ahora, por ejemplo, me acaban de dar un donativo de 27.500 pesetas recogido por empleadas del hogar de Pamplona. Ha habido también una ayuda interna muy grande: las parroquias que no han sufrido daños se han hermanado con las que han sufrido. Ha sido maravilloso, porque si, por una parte, ha habido una destrucción material tremenda, que ha dejado a miles de personas en situación muy precaria, por otra hay una riqueza espiritual muy grande.

Es admirable el testimonio de fe y esperanza que están dando...

Sí. Los pastores estamos aprendiendo del pueblo, admirados de cómo el Espíritu Santo se nos ha adelantado y cómo el pueblo acoge sus inspiraciones. Personalmente puedo dar testimonio de que no me he encontrado a ninguna persona con un espíritu abatido, derrotista o protestando. Siempre he encontrado cómo las personas que sufren incomodidades las llevan con un sentido positivo, optimista y confiando en Dios. Yo eso no lo había apreciado hasta que me han abierto los ojos las personas que han venido de otros países, como de Estados Unidos, o el enviado del Santo Padre, monseñor Cordes, quien mostró su admiración ante el espíritu de fe y de grandeza humana con la que esta gran catástrofe ha sido acogida por los salvadoreños. Un sacerdote de Boston, enviado por el cardenal, me comentaba que, si esto hubiese ocurrido en Boston, la gente se preguntaría: ¿Por qué me ha ocurrido esto a mí? En el Salvador no se oye esto. Me decían que aquí, en España, han visto por televisión cómo algunos periodistas, que preguntaban a los damnificados, se quedaban admirados por sus respuestas sobrenaturales de fe. El Canciller de El Salvador, en su visita a un pueblo, vio a una señora que estaba sólo con sus niños y le decía que prefería quedarse allí cuidando de sus cosas y confiando en Dios.

Una fe viva

Es muy fácil transmitir este espíritu de fe, porque hay una sintonía entre la gente que está sufriendo y los pastores que les consolamos y ayudamos a vivir con fe. No podemos defraudar esta confianza. Nos movemos para dar, ante todo, una asistencia espiritual oportuna. Es precioso ver cómo entre las labores de reconstrucción se hace un parón, y la gente se acerca al sacerdote que celebra misa. El Gobierno ha pedido poder utilizar los cauces de distribución de la Iglesia. Me decía el Presidente de la República que la mayoría de los comentarios que recibía de las gentes eran del tipo: ¡Se ha caído parte de la iglesia! Y es que la sienten como algo propio. Es la casa de Dios, la casa del pueblo, el edificio de referencia más representativo de una comunidad.

¿Qué opina de los nuevos nombramientos de cardenales y que 11 de ellos procedan de Iberoamérica?

Ha sido una sorpresa para todos que se exceda el número previsto de los cardenales. Todos los nombrados son personas magníficas; muchos rigen sedes cardenalicias; por ejemplo, se esperaba que el arzobispo de Tegucigalpa, el hondureño Óscar Andrés Rodríguez, fuese nombrado cardenal porque tiene un historial muy brillante en su servicio eclesial, como Secretario y Presidente del CELAM.

Y, como miembro del Opus Dei, ¿cómo recibió la noticia del nombramiento de monseñor Cipriani, como cardenal?

Era algo esperado, porque es una sede cardenalicia, igual que Toledo. Es nombrado por ser arzobispo de Lima, Primado de Perú. Se ha recibido con gran alegría.

Éste es el dibujo que nos manda Mercedes Elisa Fajardo Olivares, que tiene 7 años y vive en Calasparra (Murcia)