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J.C. Roma
Nadie puede negar que los primeros días de la presidencia del nuevo inquilino de la Casa Blanca han sido una auténtica sorpresa, para propios y extraños. La primera medida de Bush, horas después de haber recibido oficialmente el mandato presidencial, tuvo lugar el 22 de enero, cuando dirigiéndose a los participantes en la marcha a favor de la vida, que se celebra ese día, cada año, en Washington, anunció que su Administración cortará los fondos federales para la financiación del aborto en el extranjero. Como ya había prometido en la campaña electoral, manifestó su decisión de acabar con las ayudas públicas a la experimentación con embriones humanos y a los programas que utilizan los tejidos cerebrales de fetos abortados. Mientras la Administración Clinton había pedido un aumento de 25 millones de dólares para financiar a las organizaciones que hacen del aborto la clave del desarrollo en el mundo, dejando en el hambre a millones de personas humanas en diferentes rincones del planeta, el nuevo portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, afirmó: El Presidente no es favorable a usar el dinero de los contribuyentes para difundir el aborto en el resto del planeta. Días después, el Comisario Europeo para el Desarrollo, Poul Nielson, anunciaba desde Bruselas, en declaraciones publicadas por The Independent, que la Unión Europea podría financiar el dinero que Estados Unidos quitará a las organizaciones que promueven el aborto en el mundo. El gesto de Bush es interesante, pues en 1993, dos días después de que Bill Clinton llegara al poder, éste había decidido, por el contrario, recomenzar con las ayudas internacionales al aborto. Bush está convencido, siguiendo los principios de su conservadurismo compasivo, de que la mejor manera de resolver los graves dramas sociales y de marginación de su país no consiste en crear nuevas estructuras o grandes reformas (el fracaso de Hilary Clinton en la reforma de la Sanidad enseña), sino en promover lo que ya funciona bien en este sector. Por eso, ha anunciado un paquete millonario de ayuda a las obras caritativas promovidas por las instituciones religiosas de Estados Unidos. Según él, las organizaciones de ayuda de inspiración religiosa son más eficaces, pues son las más baratas (muchas se basan, en buena parte, en el voluntariado), las mejor organizadas (tienen siglos de experiencia), y ofrecen un elemento adicional para algunas personas: la fe. Bush, que lee la Biblia cada día, y que dejó el alcohol hace 14 años gracias a la guía espiritual del reverendo Graham, cree que la fe es una herramienta poderosa para cambiar vidas. |
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Lo más curioso es que ha optado por promover particularmente las instituciones católicas, algo que nunca había sucedido antes. Ni siquiera John Kennedy, el único Presidente católico de la historia de Estados Unidos, había osado ir tan lejos.
El pasado 1 de febrero, al participar en el tradicional Desayuno Nacional de Oración, en Washington, Bush aclaró su posición: El Gobierno no puede sustituir a la caridad, pero puede dar la bienvenida a las instituciones caritativas como socios en lugar de considerarlas rivales. Ante las críticas que ha recibido de violar la separación entre la Iglesia y el Estado, Bush, metodista practicante, respondió que un Presidente de Estados Unidos está al servicio de toda fe y al servicio de aquellos que no tienen fe. Yo me he dado cuenta de que mi fe me ayuda a ponerme al servicio de la gente. Otro de los argumentos que han causado sorpresa ha sido la decisión de Bush de atender a las escuelas privadas del país, en buena parte religiosas, y particularmente católicas. Estudios realizados en los últimos años demuestran que su nivel es infinitamente superior al de las escuelas públicas y tienen gastos inferiores. Ahora bien, su propuesta, que en estos momentos está buscando métodos concretos (parece que abandonará la idea de los cheques escolares, a causa de la oposición del sindicato de maestros), ha encontrado inesperada oposición en su mismo partido. El 31 de enero, al encontrarse con unos treinta líderes católicos del país, revelaba en confidencia: Hay muchos republicanos a quienes no les gustan las deudas. Ellos vienen de distritos suburbanos ricos..., y sus escuelas son buenas. Mientras el Presidente hacía estas declaraciones, alguien encendió el micrófono de Bush y sus palabras fueron escuchadas en la sala de prensa de la Casa Blanca. Aparentemente, sin percatarse de que era escuchado, Bush se dirigió a los obispos, sacerdotes y religiosos y laicos católicos y reconoció que hay oposición hacia su plan de proporcionar beneficios gubernamentales con el objetivo de que los padres saquen a sus hijos de escuelas deficientes. Hay una seria controversia, y no proviene sólo de los demócratas, reconoció. Estas decisiones de Bush han sido aplaudidas discretamente por los medios de comunicación de la Santa Sede (L'Osservatore Romano y Radio Vaticano). La emisora del Papa, por ejemplo, ha cedido sus micrófonos a una entrevista con Kathy Cleaver, portavoz de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos para cuestiones relacionadas con la vida, quien ha aplaudido muchos de los compromisos adoptados por Bush, pero recuerda que todavía queda pendiente la cuestión de la pena de muerte. El Presidente Bush camina en la dirección justa por lo que se refiere al aborto aclaró, pero está fuera de camino por lo que se refiere a la condena a muerte. Durante sus seis años como Gobernador de Texas fueron ejecutados en ese Estado 152 convictos. Juan Pablo II, especialmente, durante su última visita a San Luis (Missouri), en 1999, consideró que el recurso a la ejecución hoy, cuando el Estado cuenta con otras opciones para defender a los ciudadanos, no está en consonancia con el respeto del valor de la vida, que es un don de Dios. La gran influencia que Juan Pablo II tiene en la sociedad estadounidense, el número cada vez mayor de hispanos que viven en Estados Unidos, la implantación del español como lengua común en muchas ciudades del sur de Estados Unidos, son fenómenos que están dejando huella en la primera potencia mundial, que se ha convertido en el tercer país con el mayor número de católicos, tras Brasil y México y por delante de Filipinas, Italia o España. Bush lo sabe muy bien, pues Texas, donde era Gobernador, Estado tradicionalmente protestante, ha registrado en los últimos años un decisivo incremento en el número de católicos. La misma familia Bush ha sido tocada directamente por el fenómeno. Su hermano menor, Jeb, Gobernador de Florida, primero se casó con una católica mexicana, y ahora se ha convertido al catolicismo. |