|
|
|
Ya está: La Ciencia nos ha pillado con el carrito del helado
Al descifrar los arcanos del genoma humano, los investigadores exponen a la curiosidad pública los secretos mejor guardados en nuestras células, nuestras proteínas, nuestros higadillos. Y aquí no se salva ni el Potito: los laboratorios expedirán el carné de identidad biológico desde los palacios a las cabañas. Indiscriminadamente. Como don Juan Tenorio con sus conquistas
El alborozo ha sido mundial, y con razón: muchas enfermedades, ahora incurables, pueden encontrar remedio y alivio hasta prevención gracias al rastreo de nuestros más recónditos entresijos. Pero al gozo han acompañado dos pretensiones que me parecen, cuando menos, erróneas. Se habla, ya, de una puerta abierta a la inmortalidad porque ha sido descifrada la página más importante del libro de la vida. ¡Y dale con el árbol del Edén y su fruta prohibida! No: mejorar la existencia del hombre no equivale a su pervivencia por los siglos de los siglos. El mapa de la vida está ya trazado desde el inicio: naceremos si el aborto no se cruza en nuestro camino, creceremos en edad; pero importa más el desarrollo en sabiduría y Gracia e, inevitablemente, moriremos. La segunda sombra que ha acompañado al alborozo es la de un cierto determinismo: lo que digan nuestro genes va a misa y es irreversible. Pues tampoco: la Divina Providencia podrá, como lo hace desde la eternidad, convertir a un criminal cromosómico en un santo sin que los científicos puedan llegar a aclarar este profundo misterio. Pilar Cambra |