RetrocesoA&ONº 247/15-II-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Ella trabaja fuera:
un gran invento,o un gran peligro
Lo primero, si se sabe compaginar trabajo y familia, y lo segundo, si se echa más en la balanza del trabajo y se descuida el hogar. Éste es un problema típico de nuestra generación.

Se nos ha educado para ser buenas profesionales. La mayoría hemos hecho una carrera y nos gusta ejercerla. La meta de nuestra vida no es conseguir un buen partido, sino engrosar las listas del paro.

Muchas no sabemos coser, bordar o hacer un cocido madrileño, pero casi todas leemos la prensa, sabemos idiomas y nos encantan las tertulias.

Pero el problema surge cuando encuentras el hombre de tus sueños y sucumbes al matrimonio. La tortilla se quema porque te interesa escuchar las noticias, y no puedes acompañar a tu marido a una cena porque te ha salido un viaje.

También puedes ser muy hogareña y gustarte cocinar, coser, pero necesitas algo más… Por si fuera poco, todas tus amigas te dicen: ¡Ah! ¿Pero no trabajas? ¿Es que vas a colgar la carrera? ¡Qué pena!

Si estás trabajando fuera, no tienes tiempo para nada, y ¡menos para ti! Vas corriendo de un lado para otro. El dentista del niño te coincide con una reunión importante, y tu marido te pide un filete cuando tú ya sólo tienes en el congelador una trucha.

Aunque esto es, lógicamente, simplificar el problema, sí que se dan casos parecidos en la realidad. ¿Dónde está la virtud, el término medio? Cada matrimonio deberá valorarlo… Si han estudiado cinco o seis años, es lógico que apetezca trabajar, pero tal vez merezca la pena acogerse a una jornada reducida si fuera posible, sobre todo cuando los niños son pequeños.

Lo importante es que el trabajo no emborrache, saber cortar a tiempo y tener una buena escala de valores. Lo ideal es que tanto el marido como la mujer dejen algunas horas de su trabajo para dedicarlos al hogar, aunque eso vaya en detrimento de sus ascensos profesionales.

Que nunca se dé el caso de conocer mejor al jefe que al marido. ¡Gran peligro!

Que los deberes de los hijos sean más comunes que las teclas del ordenador.

¡Qué difícil! Pero para ello también tenemos la gracia del sacramento. Para ver delante de Dios dónde debemos llegar en esa apasionante pero peligrosa carrera del mundo laboral.

Pilar González