RetrocesoA&ONº 247/15-II-2001SumarioEspañaContinuar
Entrevista con monseñor José Manuel Estepa Llaurens, arzobispo castrense
Al servicio espiritual del Ejército
Recientes declaraciones de monseñor Estepa, arzobispo castrense, han traído al temario de la opinión pública
cuestiones de actualidad que han centrado la atención sólo sobre algunos aspectos de su asidua y constante
atención pastoral a las Fuerzas Armadas. Con la gentileza que le caracteriza, monseñor Estepa profundiza,
con esta entrevista para Alfa y Omega, en aquellos aspectos más esenciales de la vida diaria y del pensamiento
del padre y pastor de los militares , a quienes, como afirma la Constitución Apostólica de Juan Pablo II Spirituali militum
curae
, la Iglesia ha querido cuidar siempre con extraordinaria solicitud según las diversas circunstancias
J. F.Serrano Oceja

¿Qué es y qué significa la figura del sacerdote colaborador del Servicio de Asistencia Religiosa en las Fuerzas Armadas, según la Real Orden del 20 de diciembre de 2000 ?

Sobre esta figura del sacerdote colaborador, ya se insiste en la orden ministerial que no es capellán castrense y, por tanto, no es miembro propiamente del Servicio de Asistencia Religiosa, sino que es un colaborador que incluso puede ser puramente ocasional. Es una figura que se usa en alguna otra Iglesia, concretamente en Italia, y significa que el obispo castrense podrá también recurrir a la colaboración de sacerdotes que, sin dejar su propio ministerio, destino, diocesano o religioso, colaboren —según dice el Acuerdo con la Santa Sede— a título de estipendio. La relación que establece el obispo castrense con el propio sacerdote es una relación de colaboración, autorizada por el obispo propio o el superior propio. ¿Por qué esta figura, que aparece en el Acuerdo del 79, no la hemos puesto en marcha todavía? Primero, porque cuando yo fui nombrado arzobispo, en el verano de 1983, había suficiente número de capellanes. Eran más de 500. Segundo, las circunstancias históricas aconsejaban que esa fórmula no se empleara en ese momento, con posible perjuicio de la entrada de capellanes en cuanto tales. La evolución del Ejército nos ha planteado un nuevo tipo de necesidades, parciales, no de dedicación plena. Por ejemplo, unidades que van a desaparecer, pero que no han desaparecido todavía, y que su contingente reducido no justifica el dedicarse plenamente a eso. La evolución del Ejército, hasta que se asiente en la profesionalización, ha ido dejándonos flecos, vamos a llamarlo así, de unidades disminuidas, de hospitales reducidos, que no justifican la dedicación plena de un capellán.

¿Quiere esto decir que la vía de la incorporación de capellanes, en la práctica, va a quedar limitada?

Esta vía hay que mantenerla, pero a la luz de las necesidades reales. Es decir, el número de capellanes que teníamos hace 15 años, no tiene sentido ahora. Y, efectivamente, son muchos menos.

¿Qué riesgos puede tener en el futuro esa fórmula?

Hombre, esta fórmula hay que saber emplearla para que se vea siempre como una fórmula complementaria. Lo que no sabemos es si va a poder cuajar, dado que dependerá mucho de los obispos. Si la fórmula cuaja, lo que hará es descargarnos de una serie de atenciones parciales, muy sectoriales, muy reducidas, y poder centrar mejor a los capellanes en las grandes tareas de un Ejército profesional.

¿Cómo es hoy la pastoral del Ejército respecto al terrorismo? ¿Cómo se vive este hecho en la pastoral?

La situación no tiene la misma agudeza o acritud que tenía hace ocho o diez años, en que el punto de mira del terrorismo eran los militares. Ahora, el punto de mira es la sociedad. Por tanto, esa acritud de estamento que es el objeto mismo del ataque, ésa se ha aminorado. Sigue muy fuerte, muy vigente, dado que el estamento militar es un estamento muy sensible a todo lo que significa un fenómeno de este tipo, que ataca al corazón mismo de la existencia de la nación española, la defensa de la patria y de la seguridad de la nación. Por un lado, es normal que haya una resonancia mayor que en cualquier otro sector. Pero la tensión de ser él, sus hijos, su propia casa, los puntos de mira, eso ha disminuido, si bien hasta cierto punto.

Ha presentado la renuncia al Santo Padre, y no se la ha aceptado...

Hasta el momento, e incluso se me ha dicho que no me preocupe, que tengo que seguir un cierto tiempo.

¿Cuál es el balance que hace de estos años?

No he hecho balance. Ya lo haré. Sé que tengo que seguir trabajando ahora y no se me ha ocurrido hacer balance. He tenido una época de mucha dificultad, en que la preocupación fundamental era mantener la existencia misma del Servicio, y aceptar las modificaciones para que no se pusiera en peligro su sustancia. Lo que pasa es que ha habido tanta incidencias, tantas cosas por hacer, que aquellos mismos que no veían la necesidad de este Servicio, han ido cambiando; sobre todo, cuando ha habido dificultades en la sociedad, han visto el papel que desempeñaba el sacerdote en el Ejército. Esto ha sido clarísimo con la salida, hace ya ocho años, a misiones humanitarias.

¿Quiere decir algo sobre la atención pastoral en referencia a esto, y a la polémica del uranio empobrecido y su repercusión en las tropas españolas?

No lo sé, me falta información. Nuestra gente tiene una gran tranquilidad. Los capellanes, lo mismo, y ellos se movían más que los soldados.

¿Entre los capellanes no ha habido algún caso reciente de leucemia o enfermedad similar?

No, hasta ahora no hay ningún caso. Y los capellanes precisamente en ese sitio tenían una movilidad muy grande.

¿Cuántos seminaristas tiene el Arzobispado castrense? ¿Hay continuidad de ingresos?

Los seminaristas son ocho, y tenemos diez sacerdotes ordenados en este centro.

¿Y de hijos de militares?

No tantos, hay más chicos que vienen del servicio militar, del trato con capellanes, que hijos de militar. Hay más chicos que han sido Cabo Primero varios años, y descubren su vocación sacerdotal, que hijos de militares.