RetrocesoA&ONº 247/15-II-2001SumarioTestimonioContinuar
Un jesuita, testigo del terremoto en la India
Las víctimas tienen rostro y nombre
El jesuita Javier María Díaz del Río ha ido enviando diariamente, desde la India, e-mails a amigos
de todo el mundo, narrando lo acontecido el pasado 26 de enero, día del terrible terremoto,
y pidiendo ayuda concreta. Ofrecemos su testimonio, en el que recuerda las innumerables
lecciones que este desastre colosal me ha enseñado cada uno de los días
:
Todos los individuos afectados deben ser considerados como parte de mi familia. Tragedias de tal magnitud como las creadas por los temblores recientes en Gujarat sobrecogen de tal modo que se tiende a mirar a las víctimas de un modo estadístico, como masas sin rostro y nombre. Esta perspectiva atonta los sentidos hasta el punto de que empieza a darte una mera lástima o pena, en vez de un identificarse con ellas.

Ayer, mi amigo Joe me dejó una nota porque le era muy duro decírmelo. Mukesh Barad y toda su familia se han marchado para mejor. Reza por sus almas. Desde entonces, los rostros de Mukesh y su familia están insertos en la pantalla de la tele cada vez que veo las noticias sobre el terremoto. Uno se identifica con los que sufren. Veo a personas, no simplemente al rostro humano de la tragedia.

Un grupo de voluntarios me contaban la impotencia al querer acompañar a los supervivientes, todavía bajo el shock ante el mar de destrucción: Nos sentimos totalmente inútiles al ver cómo no podíamos consolarlos. Lo que hicimos, por tanto, fue sentarnos junto a ellos, no decir nada, o a veces —cuando lo veíamos oportuno— los abrazabamos o les cogíamos una mano. Estos jovenes voluntarios han aprendido una valiosa lección para su vida: ningún abastecimiento material puede calmar a los corazones rotos, lo que éstos más desean es una presencia que reconforte.

La persona humana tiene una gran capacidad para resistir. No debemos abandonar así fácilmente a las personas en desgracia. Sin ir más lejos, Chimanlal Sha, de 80 años, sorprendió a los equipos de rescate al salir fuera de los escombros de su casa derruída. El rescate de Shah, después de estar tres días sin comida ni agua, estimuló las operaciones de rescate. Nalini Kumbhare, de 25 años, y su hijo Keyar sobrevivieron bajo los escombros de sus apartamentos durante 96 horas, sin comida ni agua. Un pequeño agujero les daba el suministro vital de aire. Nalini rechazó abandonar la esperanza.

En tantos casos, las oraciones han proporcionado la fuerza necesaria para sobrevivir. Newly weds Piyali, de 26 años, y Chirag, de 27, se encontraron enterrados bajo escombros: Afortunadamente, un agujero nos proporcionaba el aire. El dolor en nuestras piernas era cada vez más insoportable con el paso del tiempo. Sin embargo, nos dimos cuenta que teníamos que salir de ésta con vida, viniese lo que viniese, dijo Chirag. Piyali se dirigió a Dios buscando consuelo y fuerza. Éste se convirtió en el factor fundamental, dijo Chirag. De repente, sintió una fuerza sobrenatural que le cogía. Tiré de Piyali con todas mis fuerzas y pude liberar sus piernas. Yo de algún modo también fui capaz de ver sacar mis pies. Aquella oración les dio nuevas esperanzas. Empezaron a animarse para permanecer vivos en esa prisión.

Esta tragedia ha hecho que la gente dirijan sus corazones a Dios. Diversas noticias en los periódicos dicen que los templos y mezquitas han estado invadidas por multitudes, como nunca lo estuvieron en días normales. Cuando una tragedia golpea, la bondad interior y la magnanimidad del corazón humano salen a flote. Hay innumerables historias de gentes que han puesto su servicio por encima de ellos mismos. La aldea de Samla, en Limbdi taluka, fue una de las más afectadas en el distrito de Surendranagar. Nimesh Dave, magistrado de la subdivisión de Limbdi, no perdió tiempo en acudir a esta aldea. Estuvo hasta altas horas de la noche del día del terremoto organizando las operaciones de rescate. Nada delataba el hecho de que sus padres y un hijo de ocho años hubiesen muerto en Ahmedabad, cuando se derrumbó el bloque de diez pisos donde vivía.

Oficiales en Bhuj han admitido que son culpables de negligencia y corrupción, al saltarse a la torera las normas aplicables a edificios en zonas propensas a sufrir terremotos. Todos los edificios (100) construídos durante los pasados cinco años se han derrumbado o han sido certificados como inseguros para vivir en ellos. Somos todos gente egoísta. Como no nos afectaba, continuamos autorizando planes de construcción, admitió Kirit Sonpura, Presidente de la Corporación Municipal de Bhuj.

El terremoto ha demostrado cómo el mundo es una aldea global. Tan pronto se difundieron las noticias del desastre, no sólo los diferentes estados de India, sino también Gobiernos de todo el mundo, respondieron rápidamente y pusieron a disposición su ayuda —económica, tecnológica y profesional—.

Rezo para que tal preocupación y colaboración no se quede en un reto en ocasiones de extrema necesidad, sino que sea una práctica común en las relaciones internacionales. ¡Cada país tiene tanto que dar y recibir...! La tierra es la casa de Dios y todos los humanos son los hijos de Dios. Lo adecuado y justo es que amemos y sirvamos a nuestros hermanos, ya estén cerca o lejos.

Javier María Díaz delRío, SJ