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En la última reunión de este Foro Económico Mundial que, además, efectúa investigaciones y tiene publicaciones, y que ahora está dirigido por Claude Smadja se anunció que el gran tema central del que iba a ocuparse en este año 2001 era el del crecimiento económico y cómo unir lo que estaba dividido, escudriñando el posible marco de un nuevo futuro global, porque señaló Smadja la Nueva Economía no ha sido exactamente lo que se esperaba, y la mundialización no ha caminado siempre por el camino que debiera. Como comprobación, se refirió al posible estallido de la burbuja financiera bursátil y, también, al poco, o nada, resuelto problema muy serio de la economía japonesa. Naturalmente que esto exige observar de cerca la situación de la economía norteamericana, porque una crisis en ella saltaría por encima de todas las fronteras. |
| Además, todo esto, poco a poco, se ha colocado, en esta localidad alpina, en un estuche parcialmente nuevo. Como también señaló Smadja, a lo largo de los años, han ido evolucionando los trabajos que se desarrollan en Davos. Aproximadamente un tercio de los mismos es de reacción ante los acontecimientos, y dos tercios, de anticipación. Este año, ésta ha sido prácticamente la proporción. Para tener más claras las cosas, en la pasada reunión ha tenido lugar, además, la exposición de la metodología de un Índice de Buen Gobierno (IBG), referido a las políticas económicas de los Estados. Es de esperar que su inmediata puesta en marcha provoque multitud de comentarios. En este sentido va a ser importante la aparición del Foro Plus, que va a dedicarse a profundizar en los resultados de aquellos trabajos presentados en el Foro que se consideren especialmente interesantes.
Se sospecha que este año 2001 pueden ampliarse éstos en relación con el concepto de clase ansiosa, vinculado a ese conjunto directivo de las empresas, que está resultando zarandeado por el fenómeno de la globalización. Fusiones, ampliaciones, frondas en Juntas Generales de accionistas, intervencionismos, han provocado que, sólo en el año 2000, prácticamente el 20% de los grandes directores generales de las mayores empresas mundiales han sido removidos de sus puestos. En España es posible encontrar muchas situaciones parecidas. Recordemos el caso Villalonga en el grupo Telefónica, sin ir más lejos. Por supuesto que esta ansiedad se une a la de los asalariados de estas empresas, así como a altos miembros de la tecnoestructura de las mismas, lo que se relaciona, más de una vez, a fenómenos de jubilación anticipada. Un análisis parcial de sus secuelas, por ejemplo, acaba de ser presentado en Oviedo el 14 de febrero de 2001, al darse conocimiento al trabajo dirigido por el profesor José Antonio Flórez Lozano, catedrático del Departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo: Repercusiones psicopatológicas y sociales de la jubilación anticipada y la prejubilación en Asturias. Esto es, sencillamente Davos. ¿Y por qué, si sólo es esto, el escándalo producido en torno a él? La explicación ha de darse. Desde 1945 a 1989 hundimiento del Muro de Berlín, se ha producido una oleada de liquidación de utopías con raíces ya lejanas en el siglo XIX. En ellas se codeaban los pensamientos estúpidos más absolutos con ideas generosas, los trabajos de cierto interés con otros que eran abominaciones, de todo lo cual se derivó un conjunto de planteamientos de política económica unánimemente estériles. Como herencia de todas esas utopías muertas o moribundas, ha quedado una especie de reacción instintiva frente a lo que se considera que huele a capitalismo y, también, enemiga de lo que viene bien a Norteamérica. Ahí se encuentra el aglutinante primero y, después, cada uno barre para su casa. En Seattle y Praga lograron cierta algarabía. En Davos, la policía suiza impidió de tal modo el alboroto que se decidió que existiese una reunión en Porto Alegre. La olla de grillos que allí se acaba de producir bordearía sencillamente lo ridículo, si no fuese que Francia, en ese río revuelto, intentó pescar a manos llenas en beneficio propio. Pero, como decía Rudyard Kipling, ésa es otra historia. Juan Velarde Fuertes |