RetrocesoA&ONº 248/22-II-2001SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS
¡TE LO PEDIMOS SEÑOR!

Leo con horror un artículo sobre la legalización de la píldora RU-486 para este mes de febrero. Mi espíritu cristiano, respetuoso con las vidas de los no nacidos, mi condición de farmacéutica desde hace más de 50 años, se me han sublevado, y desde el fondo de mi alma escribo estas consideraciones:

La píldora RU-486 no tiene en absoluto efectos terapéuticos, no cura nada. Es sólo un abortivo, una píldora asesina. Así lo ha conceptuado la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal: es un fármaco abortivo que elimina vidas desde los primeros minutos de su concepción; su misión es impedir, por la sustancia química que lo compone, la implantación de las células vivas en su nido natural y puedan desarrollarse. Es, además, peligroso para la madre pues puede producir hemorragias o trombosis.

Yo apelo con toda mi alma a nuestra sociedad, a vosotros mis compañeros de fe, que me ayudéis a pedir con fervor, ahora, ¡ya!, antes de que sea tarde, que las personas que han de autorizar su venta, recapaciten sobre sus efectos.

Mª Carmen Roa Estévez.
Madrid

RELEER Y PENSAR


De la oración que hizo Juan Pablo II, junto con 1.500 obispos de todo el mundo, ante la venerada imagen de Nuestra Señora de Fátima, el domingo 8 de octubre pasado, con motivo del Jubileo de los obispos:

Somos hombres y mujeres de una época extraordinaria, tan apasionante como rica en contradicciones. La Humanidad posee hoy instrumentos de potencia inaudita. Puede hacer de este mundo un jardín o reducirlo a un cúmulo de escombros. Ha logrado una extraordinaria capacidad de intervenir en las fuentes mismas de la vida: puedes usarlas para el bien, dentro del marco de la ley moral, o ceder al orgullo miope de una ciencia que no acepta límites, llegando incluso a pisotear el respeto debido a cada ser humano. Hoy, como nunca en el pasado, la Humanidad está en una encrucijada.

Al repasar este texto, se me ha ocurrido pensar que está formulando una interrogante concreta a cada persona en singular: ¿Haces todo lo que puedes para llegar a ese jardín? ¿Sí, o no? Responde en conciencia.

Juan Muñoz Campos
Madrid

DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR


El controvertido asunto de la firma del pacto antiterrorista por parte de la Conferencia Episcopal Española, nos recuerda el episodio evangélico del tributo al César, que le propusieron a Jesús los fariseos y los herodianos para tentarlo. Es conocido de todos, el modo con que Jesús se zafó de la trampa que le tendieron.

Servatis servandis las circunstancias de tiempo y lugar, referidas a Cristo, podemos comparar su actuación con la de los obispos y los partidarios del PP, del PSOE, y otros. Les han presentado para firmar el documento-pacto antiterrorista a los obispos. ¿De quién es este pacto? —De los políticos y de los del PP y PSOE, les contestaron. Ellos, tras una común y seria consideración del asunto, dieron idéntica respuesta a sus interlocutores: Dad a los políticos y a los del PP y PSOE lo que es de la política y de los políticos, y a Dios, y a su Iglesia, lo que es de Dios y de su Iglesia.

Hay una pequeña diferencia entre ambos episodios. Dice el evangelio que quedaron maravillados y dejándole, se fueron. En el caso de los obispos, algunos católicos (?) se han soliviantado, han arremetido inmisericordes contra la CEE, han hablado de boicot y han demonizado a los obispos por ser consecuentes con el Evangelio y con la doctrina del Concilio Vaticano II. Para ser justos, hay que decir que en modo alguno los obispos han sido ni ambiguos ni equidistantes en defensa de la vida. Tienen muy clara la doctrina conciliar en la que se señala y diferencia como ámbitos distintos la comunidad política y la comunidad eclesial. En fin, después de escuchar a monseñor Rouco en la Cope, el episodio del pacto antiterrorista ha sido más bien una tormenta en un vaso de agua.

Miguel Rivilla San Martin
Madrid

UNA VIDA DE SERVICIO


La muerte de Abelardo Algora Marco me ha sobrecogido. La amistad y cercanía de más de cuarenta años con mi padre, a la sazón Secretario de la A. C. de P. de Cádiz, el testimonio de una vida de entrega a la Asociación, y su docta palabra en los años que compartí con él las sesiones en el Consejo Nacional, crearon en mí un profundo reconocimiento a su valía y la admiración y el respeto a su persona.

Durante su corta, pero cruel, enfermedad hablamos con frecuencia del futuro de la Asociación y de sus Obras docentes. Siempre me animó a ilusionarme en la acción apostólica. Mantuvo la esperanza de seguir trabajando, pero dejando, como ferviente creyente, la última palabra al Señor, en el que siempre confió.

Descansa en Paz, Abelardo; los Propagandistas de Cádiz te recordaremos siempre.

Antonio Rendón
Propagandista de Cádiz