RetrocesoA&ONº 248/22-II-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
La campaña contra la Iglesia por su actitud frente al terrorismo, tan manipulada como hábil, aunque deleznablemente, orquestada, resulta bastante sospechosa. Algún día se sabrá quién ha movido interesadamente los hilos de tan triste guiñol, y por qué. Mientras tanto, de entre las muchas cosas que llaman la atención, por la visceralidad y la falta de mesura que indican, hay algunas que sobrepasan con creces todos los índices posibles de estupor. Nunca ha sido posible pedir peras al olmo, pero uno, al menos hasta ahora, tenía cierta confianza en un mínimo buen sentido común de algunas personas a las que, desde luego, es exigible pedírselo; por poner dos ejemplos muy claros y representativos, al señor Vicepresidente del Gobierno, don Mariano Rajoy, y a un intelectual y escritor como el señor Armas Marcelo. Que el señor Vicepresidente del Gobierno se disculpe y se dé por satisfecho hoy en contra de lo que dijo ayer, por el mero hecho de que ha escuchado lo que ha dicho el cardenal Rouco Varela, que se supone que un Vicepresidente del Gobierno ya debía de saber, puesto que lo sabe cuaquier persona medianamente informada, produce bastante perplejidad y desencanto. Si todas las convicciones del señor Armas Marcelo son tan firmes como las, por lo que se ve, pretendidamente religiosas que inusitada, visceral y reiteradamente ha manifestado estos días en el magnífico programa que en Radio Nacional de España dirige Julio César Iglesias, que Dios le ayude, porque realmente es de compadecer.
Ha titulado La Vanguardia: Dura colisión Iglesia-Gobierno por el terrorismo. No es verdad. Aquí la Iglesia no ha colisionado con nadie. El Gobierno sabrá lo que ha hecho…, y, por cierto, me parece que ya se ha empezado a dar cuenta.

No siempre es posible cumplir, en un periódico, la saludable norma de echar los anónimos a su sitio natural, la papelera. Enfrascados en el trabajo, quienes abren el correo, electrónico o no, sólo se dan cuenta de que algo viene sin firma cuando ya lo han abierto, y uno ve la subida indignación del valiente comunicante ante una serie de realidades —aborto, divorcio, corrupción, drogas, prostitución, pornografía, etc. etc. — de todo lo cual es culpable —¿a que no saben ustedes quién?— ¡La Iglesia! Naturalmente, el indignadísimo valiente se siente Iglesia, pero él no es culpable de nada. Y además dice, valientemente, que lo echa en cara sin tapujos. Tan sin tapujos, que no tiene ni la más elemental gallardía de firmar lo que escribe. De esto, oigan, hay mucho más de lo que ustedes pueden imaginar; por desgracia.

La democratización interna es la gran asignatura pendiente de la Iglesia, afirma Andrés Torres Queiruga en reciente entrevista a El Diario Vasco, con ocasión de un libro en el que sostiene que la fundación de la Iglesia es premoderna, y que tiene que acomodarse a las nuevas circunstancias. Este profesor de Teología Fundamental y Filosofía de la Religión (¡pobre teología y pobre filosofía!), dice también que Ratzinger es un teólogo muy inteligente que ha tendido un poco a confundir la Teología con su teología, y ése es su error. En cambio, eso es algo que al señor Torres Queiruga jamás se le ha pasado por la imaginación. ¿A que no? Eso sólo les pasa a los demás. A los demócratas de arte y ensayo, nunca... Seguro que ha leído ese panfleto publicado recientemente por The Economist sobre la Iglesia católica, en el que se define frustrante el pontificado de Juan Pablo II. Pues, si es frustrante, ¿de qué se preocupan los entusiastas del divide y vencerás? Deberían estar contentos.

Gonzalo de Berceo