RetrocesoA&ONº 248/22-II-2001SumarioDesde la feContinuar
Con ojos de mujer
La naturaleza no perdona
No sé dónde oí por primera vez la frase de que Dios perdona siempre, los hombres algunas veces y la naturaleza nunca. Me viene a la memoria ahora que nos encontramos sumergidos en ese complicado thriller alimentario de las vacas locas. Se ha cometido el crimen de alimentar a tan benéficos como pacíficos animales con siniestras harinas de sus congéneres muertos, agrediendo así la naturaleza de esa especie hervíbora, nacida para pacer y rumiar.

Diez o más años hace que dio la cara el caso en las brumosas tierras de la Gran Bretaña. Entre medias verdades supimos que se había producido el contagio de la enfermedad a ciudadanos británicos que habían comido carne de vaca loca y morían víctimas de la encefalopatía espongiforme bovina. Ahora hemos conocido que en la cabaña española también tenemos casos de ganado infectado de EEB. El problema es grave.

El progreso, el desarrollo económico y social, tan deseado por todos, debe ser guiado más por el sentido común que por el afán de lucro. Sin restar elogios a quienes trabajan para conseguir el milagro diario de la multiplicación de los panes y los peces, para producir más y mejores alimentos que satisfagan las necesidades de la Humanidad, hay que denunciar a quienes violan de esa manera la naturaleza porque en el pecado ecológico llevamos todos la penitencia.

Mercedes Gordon