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Este venerado icono de la Madre de Dios data del siglo XIII, y es originario probablemente de Constantinopla, según los expertos. Escondido durante la ocupación de los tártaros, una niña encontró la imagen en las ruinas de Kazán en 1579. El arzobispo lo llevó a la iglesia de San Nicolás, y junto a un creciente fervor popular, se sucedieron numerosas curaciones milagrosas. En honor a ella se levantaron catedrales en Kazán, Moscú y San Petersburgo, donde en 1904 fue robado, hasta que en 1950 apareció en Inglaterra. Tras verlo en el pabellón soviético en la Feria Mundial de Nueva York de 1964, el Ejército Azul de Fátima logró reunir los varios millones de dólares necesarios para comprarlo y llevarlo al santuario portugués el 21 de julio de 1970.
El ciclo de los acontecimientos de Fátima no se cerraron al conocerse, el pasado 13 de mayo, la tercera parte del secreto, que la Virgen reveló a los tres pastorcillos en 1917. Como claramente aparece en esta tercera parte del secreto, el Papa vio en el atentado sufrido en 1981 la mano de la Virgen de Fátima que le salvó milagrosamente la vida, y a quien se lo agradeció. El Ejército Azul donó entonces este icono a Juan Pablo II, y hasta ahora ha permanecido en el estudio privado del Papa. Pese a las invitaciones de Gorbachov y Yeltsin a Juan Pablo II para visitar Rusia, hasta ahora el Patriarcado ortodoxo se ha mostrado receloso a tal visita. Aunque Vladimir Putin no renovara esta invitación en su primer encuentro con el Papa, el pasado mes de junio, esto se considera implícito, a la espera de que el Presidente ruso logre que el Patriarcado cambie de actitud. Juan Pablo II ha afirmado que, en su soñado viaje a Moscú, se llevaría con él el icono de la Madre de Dios, que regalaría al pueblo ruso, entregándoselo personalmente al Patriarca Alexis II. |