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Conviene recordar que la enseñanza y educación de los niños, adolescentes y jóvenes en la escuela es un derecho humano fundamental. No es un privilegio, ni una mera concesión benévola del poder político. Es un derecho de los alumnos y de los padres, que se fundamenta en la dignidad de la persona humana, en la dignidad y vocación de los padres y de los alumnos. Es un derecho expresamente reconocido y garantizado en las Declaraciones y Pactos internacionales. Los textos jurídicos internacionales, que según la Constitución española se deben respetar también en España, en Aragón, establecen que los padres tienen derecho prioritario para elegir el tipo de educación para sus hijos, de manera especial en el orden moral y religioso. Así lo determina también explícitamente la propia Constitución española en el artículo 27,3, y el Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado español, de 1979, sobre Enseñanza y Asuntos Culturales. Como es sabido, este Acuerdo tiene rango de pacto internacional y, según la Constitución, pertenece también al ordenamiento jurídico interno del Estado español. Nos parece necesario recordar todo esto, porque no faltan en nuestra Comunidad Autónoma de Aragón iniciativas que tienden a limitar o a suprimir, de forma ciertamente ilegal y arbitraria, el ejercicio de estos derechos. |
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La formación cristiana en la escuela, como parte integrante del plan educativo del centro escolar, realizada con seriedad académica, respetando siempre el principio de libertad religiosa, es elemento esencial de la educación integral de las personas. Es de una gran trascendencia desde el punto de vista de la identidad cultural de Aragón. No es posible comprender nuestra Historia, ni las manifestaciones artísticas y culturales de nuestro pueblo, sin conocer el Evangelio. Basta recordar lo que significa la devoción a la Virgen del Pilar para los aragoneses. Ante la justificada inquietud que muchos manifiestan por la pérdida de valores morales de las generaciones más jóvenes, ante la violencia y la delincuencia juvenil, es más urgente que nunca ofrecer a los niños, adolescentes y jóvenes, una adecuada educación en los valores morales y religiosos. Pero, más allá de estas consideraciones, es obligación de todos ayudar a los niños, adolescentes y jóvenes, a crecer como personas llamadas a madurar en libertad y responsabilidad, y esto supone preguntarse por el sentido último de la vida. Hay que ayudarles, de manera adecuada, a plantearse las preguntas fundamentales: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es nuestro destino después de la muerte? ¿Qué sentido tiene el dolor? ¿Cómo tenemos que orientar nuestra vida, en nuestra conducta personal, en el ámbito familiar, en el trabajo, en la sociedad? ¿Cuáles son y cómo se concretan nuestros derechos y deberes fundamentales? Para descubrir nuestra vocación y nuestra misión como personas, es decisivo el encuentro gozoso con Jesucristo. A la luz del misterio de Cristo se percibe la vocación, la dignidad y el destino trascendente de la persona, fundamento último de los derechos humanos. La meditación del Evangelio permite liberarse de la presión social contra los valores fundamentales de la vida humana, adquirir una conciencia crítica frente a todo aquello que degrada y envilece la dignidad humana, desarrollar actividades de solidaridad fraterna, de diálogo, de convivencia pacífica. Cristo es para todo hombre el Camino, la Verdad y la Vida. Todo esto se ofrece en la enseñanza religiosa en la escuela y dentro del horario escolar, y con los métodos propios de una enseñanza académica, en diálogo con la cultura y la ciencia modernas. Los padres de alumnos en edad escolar, así como los poderes públicos y los educadores, tienen una especial responsabilidad. Toda la comunidad cristiana debe sentirse interpelada por los problemas de la escuela y de la enseñanza religiosa escolar. Ayudad a los niños, adolescentes y jóvenes en edad escolar a que no elijan lo que les resulta más fácil y cómodo. Ayudadles, a través de un diálogo cordial, a que se decidan a conocer más profundamente a Jesucristo y a seguir sus enseñanzas. Es Él quien nos dicen: La verdad os hará libres. La formación religiosa en la escuela es un derecho de los padres y de los alumnos, no es un privilegio, no es una concesión. ¿Por qué tantas dificultades para que el Evangelio sea anunciado en la escuela? Proclamarlo a quienes quieran escucharlo es un derecho y un deber, es cultura: a todos hace bien, a nadie hace daño. ¿Por qué tanto miedo a la presencia de Jesucristo en la escuela? |