RetrocesoA&ONº 267/5-VII-2001SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS

EL VALOR DEL SERVICIO


Quisiera agradecerles la lograda idea de la publicación de Alfa y Omega.

Esta publicación, que comenta asuntos religiosos siempre en sentido positivo, nos ayuda a los cristianos de este país a desprendernos de un cierto complejo de inferioridad. A través de numerosas noticias se descubre que existen muchos cristianos buenos que realizan obras maravillosas en bien de los demás, más de los que en principio uno podría esperar. Además, se echaba en falta una publicación de amplia difusión, que defendiese los intereses de la Iglesia con clara doctrina y profunda reflexión. Esta realidad, ya presente en otros países como Italia, hasta ahora era una carencia en el nuestro.

Por todo ello les estoy sumamente agradecido y les animo a continuar con este proyecto.

Jesús Arregui
Vitoria

MADRID, LIMPIO


Quiero contar lo que me pasó el otro día en nuestro querido Madrid. Me dirigía, después de dejar el coche en un aparcamiento cerca de la Gran Vía, a la Puerta del Sol a ver, a asistir y acompañar al Señor Sacramentado en la Procesión del Corpus Christi. Y, ¡oh mi sorpresa!, cuando al cruzar la calle de la Gran Vía, con sus grandes carteles de los cines que anuncian sugerentes películas de moda, me tuve que contener para no mirar esos carteles kilométricos que llaman la atención.

Eso se llama pornografía pura y sucia. Por favor, mantengamos limpia la ciudad tanto de porquería material como moral.

¿O es que no se puede pasear tranquilamente y con paz por todo este Mardid tan bonito que vale la pena ver?

En esta España, que sigue siendo católica, todavía existen, hay muchas personas que no quieren ofender al Señor solamente con salir a la calle. Un poco de respeto a nuestras creencias. ¿O tenemos que ir con anteojeras? ¡No nos lo pongan en bandeja ni nos lo faciliten tanto!

María Isabel Méndez
Madrid

EL INTERÉS SUPERIOR DEL NIÑO


Vaya por delante nuestro respeto a las personas de los colectivos de gays y de lesbianas e incluso nuestra comprensión por su interés en adoptar. Pero no olvidemos el interés superior del niño o de la niña adoptados, los cuales, al ir creciendo, descubrirán que mientras todos sus compañeros tienen un padre varón y una madre mujer, ellos tienen por padres a dos personas del mismo sexo. ¿Nos imaginamos su desconcierto y, en no pocos casos, su angustia?

Por otra parte, si es un niño adoptado por dos lesbianas, desconocerá el modelo de varón que le hubiera ayudado a ir formando su personalidad masculina —¿desde cuándo una mujer le va a dar los valores propios de un hombre?— Y si es una niña adoptada por dos gays no podrá recibir de ellos la imagen femenina que precisaría para su correcta evolución como mujer. Y, aun en el supuesto de que esos gays o lesbianas trataran de educarles, no en la homosexualidad, sino en la heterosexualidad que rechazan: ¿qué ejemplo les dan cada día? Ese ejemplo, tan importante para la educación, que haría decir a Jaurés: No se enseña lo que se sabe ni se enseña lo que se dice: se enseña lo que se hace. Y lo que se hace —lo que les enseñan— es vida sexual entre dos personas del mismo sexo. Ahora bien: si, sensibles a este ejemplo, los niños o niñas adoptados deciden hacer el día de mañana lo mismo que hoy hacen sus padres, buscarán también a una persona de su mismo sexo para formar un hogar, en lugar de una persona del sexo opuesto con la que casarse y tener hijos.

No les dan lo que deberían —la imagen masculina o femenina que precisan— y les dan lo que no deberían —el ejemplo de su homosexualidad—: ¿necesitamos aún más razones para rechazar que los niños, nuestro mayor tesoro, les sean dados en adopción a las parejas homosexuales?

Luis Riesgo Ménguez
Madrid

EL ALIENTO DE DIOS


Anoche tuve una discusión con Dios. Yo había pasado un día atormentado por las noticias que llegaron a nuestros oídos. Desde la madrugada nos asaltaron informaciones espantosas de asesinatos, violaciones, injusticias legales… Yo estaba furiosa y le dije a Dios que la vida no merecía la pena; le reproché ese dolor y le pedí explicaciones. Tal vez dije las típicas frases de ¿Por qué? ¿Por qué pasa esto? ¿Acaso nos has abandonado? Creo que después, como dice la canción, ví llorar a Dios. Después, a las cuatro de la mañana de esta noche de verano ya, seca y calurosa, se sintió cierto viento. Tal vez la respuesta, el aliento de Dios. Él me recordó que estas desgracias no son cosa suya, sino fruto de la libertad que Él le dio al hombre; libertad que tanto digo yo amar. Libertad, privilegio del hombre que puede elegir. Callé y quedé pensando en eso. Entonces Dios empezó a hablarme…, me habló de la sonrisa de los niños, de los buenos amigos que aún me quedan, de mi familia, de toda esa gente que trabaja por la vida, de los que, por hacer bien las cosas, nunca serán noticia, de los besos de amor, de las canciones bonitas, de la gente sincera, de los que me han apoyado, los que me han enseñado… Sé que Dios siguió enumerando razones por las que la vida merece la pena, pero yo ya no le pude oír, porque me había quedado dormida al son de esa nana bonita. No termino de ver las cosas claras, pero dicen que eso es la fe: seguir, mantenerse fiel, creer aunque no lo veas.

Pilar López