Al comentar, el otro día en este rincón, las distintas y curiosas variedades de quienes andan por ahí exhibiendo su título de teólogos, se me olvidó alguna que otra; por ejemplo, la de los teólogos de nómina en algunos periódicos, siempre dispuestos a poner su rigor y su ciencia preclara al servicio de la última contestación anti eclesial de turno, e incluso a escribirle cartas a Juan Pablo II diciéndole cómo hay que ser Papa. También escriben artículos que titulan Teólogos bajo sospecha, que luego son cuatro y, desde luego, no sospechosos, sino claramente heterodoxos. Es una especie muy concreta y muy definida, porque son siempre los mismos. Luego, hay una subespecie no menos curiosa, a la que podríamos clasificar como los monaguillos de los pseudoteólogos, en cuyas filas militan, con entusiasmo indescriptible, entre otros sitios, algunos socialistas metidos a reportero apagavelas, entre otros sitios, en el boletín de Prisa El País. Por si hiciera falta alguna prueba, basta con echar un vistazo a la página que publicó el pasado día 2 bajo el elocuente título La "sumisa" rebelión de los teólogos. Cómo una rebelión, sea del género que sea, pueda ser sumisa, es uno de tantos misterios insondables del entorno polanquista. Todo viene a cuento de un presunto respaldo de la Facultad de Teología Comillas al moralista Marciano Vidal, según el boletín de Prisa castigado por Ratzinger. En qué haya podido consistir ese castigo es otro misterio más, puesto que el propio Marciano Vidal anda proclamando a quien quiera oírle que la Congregación para la Doctrina de la Fe le ha dado la razón. No es verdad, pero él dice eso. Todas estas minucias son más viejas que la tarara, y en román paladino hay una palabra que las define exactamente: soberbia, que resulta bastante patética en los mediocres permanentemente aspirantes al estrellato. Parece importarles un bledo a unos y a otros la verdad, y aguantan carros y carretas con tal de vender más. Se ufanan de las ventas, que ellos mismos promocionan y autocompran, aunque saben que a la larga llevan las de perder, porque su mercancía es espúrea y cutre.
Lo de El País es de psiquiatra. Un reciente editorial a propósito del día del orgullo gay, titulado Igualdad sexual, concluye así: Ningún Gobierno, del signo que sea, puede dar la espalda a reivindicaciones fuertemente incrustadas en la realidad social. ¡Ah, pues muy bien! Puesto que el crimen está incrustado en la realidad social desde Caín, que ningún Gobierno le dé la espalda, ¿no?
¿Qué es el EGM, o Estudio General de Medios?: el maravilloso sistema de medición de audiencias según el cual nadie pierde y todos ganan, que ya es difícil...