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Se suceden situaciones y diálogos descabellados e inverosímiles. El despropósito se adueña de la escena y el músico de Alhama de Aragón va punteando la representación, con el beneplácito creciente del público, que no puede resistir la tentación de tararear por lo bajinis creaciones como la superfamosa Canción española que Concha (Carmen González) le canta al rajá Jamar-Jalea en la India De España vengo..., o la imitación jocosísima que Jenaro y Samuel (Pedro Miguel Martínez y Rafa Castejón) hacen de ¡Arza y olé!, que las Hermanas Catafalco cantaban en el Chantecler.
Con una más que aceptable coreografía se ha añadido un cuadro de ballet de la Danza del fuego, de Benamor, otra de las muchas obras de Pablo Luna, director histórico, junto con Gaztambide y Barbieri, del Teatro de la Zarzuela, que hoy ve permanentemente abarrotado de nuevo su aforo, tantas décadas después. Excelente la dirección de escena (cerca del centenar de figurantes) a cargo de Jesús Castejón, incluidas algunas moderneces con entrada y salida por el patio de butacas, y la danza oriental con que es recibido el público, ante el vestíbulo del teatro y luego en el entreacto. Suena muy bien la Orquesta de la Comunidad de Madrid, eficaz y sabiamente dirigida por el maestro Miguel Roa. Aceptable la interpretación, y, aunque tal vez un punto exagerada, destacable la de Pedro Miguel Martínez. En suma, un espectáculo agradecido, en La Zarzuela. M. A. V. |