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Titular un libro La ingratitud y subtitularlo Conversación sobre nuestro tiempo es, además de una radiografía de la sociedad actual, un ejemplo meridiano de originalidad, no sólo literaria sino también de pensamiento. Así ha hecho Alain Finkielkraut en estas 200 páginas que, magníficamente traducidas por Francisco Díaz del Corral, acaba de editar Anagrama, y en las que el prestigioso filósofo y ensayista pasa revista a la situación en Yugoslavia, en Israel, y en Québec, que es como decir al nacionalismo, y también al conservadurismo y al multiculturalismo. Son páginas cargadas de lucidez, de equilibrio y de sentido común, en las que destellan ideas como que el fin del comunismo no ha puesto a la orden del día la comunión, sino la separación; o que algo duro de roer para el alma complicada de Europa hay derecho a pensar que, en el siglo XXI tecnoespiritual que se anuncia, el mundo será cada vez más moderno y cada vez menos occidental. El autor define la nación también de manera original: Es esa colectividad donde lo que ocurre a los otros me ocurre también a mí. Su análisis sobre la televisión y sobre la informática es imprescindible: La escuela dice no podrá resolver con el ordenador ninguno de los problemas que ha sido incapaz de resolver sin él; y define nuestra época como la época en que todo el mundo dice lo mismo. Ciertamente, un libro muy sugestivo para el verano. |
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José Ignacio Tellechea Idígoras nos tiene acostumbrados a libros de gran calado intelectual, teológico, histórico, y a algunos otros de humanísimo trasfondo, como el que escribió sobre Juan XXIII y España. Los muchos admiradores de don Miguel de Unamuno tienen ahora ocasión de agradecerle uno precioso, editado por la Cátedra de Poética Fray Luis de León, de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde recoge el epistolario entre dos grandes de la literatura en castellano: Unamuno y Amado Nervo, con interesantes facsímiles de tan sugestiva correspondencia, y con el regalo final de un cuento olvidado de Unamuno: De beso a beso. Bien significativamente, estas páginas han sido tituladas con una frase de una de las cartas: Desde nuestras sendas soledades. Hay confesiones personales preciosas. Por ejemplo, cuando el 7 de enero de 1914 Nervo felicita emocionadamente a Unamuno por su poema El Cristo de Velázquez, que define una de las más altas páginas místicas contemporáneas, y don Miguel, al darle las gracias, hace confidencias muy reveladoras: En él he puesto lo mejor mío, lo que se enlaza con el alma blanca de mi niñez. He querido mostrar un Cristo español, muy español, y por muy español muy humano. He intentado buscar lo universal ahondando en lo nacional. Nuestro Cristo es de carne y hueso, y a la vez eterno e infinito. Sólo revelar esta confidencia es para darle las gracias a José Ignacio Tellechea. |
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