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Marías es uno de los pensadores más independientes, y con mayor raigambre en la tradición intelectual de nuestro país, y, a la vez, una figura de extraordinario relieve en el panorama contemporáneo de las ideas, cuya proyección en el mundo iberoamericano es muy grande, aunque a veces esta dimensión resulte poco conocida entre nosotros. Personalmente, yo debo a Marías gran parte de mi formación intelectual y de mi manera de entender nuestro país y nuestra historia. Pero creo que eso sucede también con los innumerables lectores de su obra, una de las más amplias y más leídas y difundidas hoy entre nosotros, en el campo del pensamiento y el ensayo.
¿Qué le debe el pensamiento español? Yo creo que le debe el haber superado toda suerte de intentos por minimizar su valor y su importancia, y el haber sido uno de los primeros, o tal vez el primero, que proclamó con toda energía el valor filosófico intrínseco de la obra de Unamuno, y proporcionó a los lectores las pistas necesarias para una lectura en profundidad de Unamuno y de Ortega, dos gigantes del pensamiento sobre el hombre a los que, desde muchos lados, se ha tratado de minimizar y reducir a la condiciones de meros literatos. |
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¿Cómo se encardina en nuestra historia?
Marías es un hombre de un valor poco común, que al terminar la guerra civil decidió defender y ser fiel al legado de la Generación del 98, y sobre todo de la filosofía, tal como se la había concebido por Ortega, Zubiri, Morente y Gaos en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Madrid, en los años de la República, y que representaba, en su inspiración orteguiana, una gran innovación creadora a la que Marías no quiso renunciar cuando el mundo franquista de la posguerra declaró todo ese conjunto de ideas como antiespañol y antipatriótico, y detestable en su conjunto...
¿Qué representa su figura? A mi modo de ver, en el mundo de la filosofía Marías representa la prolongación creadora de la filosofía de la vida que elaborara Ortega, con apertura a una serie de problemas antropológicos como el de la muerte, el ser fundamental y la realidad de la persona, que tanto interesaron a Unamuno y a Zubiri, en algunas de sus obras. Y, por otro lado, ha sido una figura clave en esa tradición de pensamiento reflexivo sobre los temas de la realidad española , como lo fueran Laín, o Ferrater Mora, Américo Castro, o también Francisco Ayala, y antes los hombres del 98, y tantos otros... Su idea de España, a la vez una y diversa, arraigada en Europa y generadora de una supernación como es el mundo hispánico, podría servir de base a una acción social creadora, alternativa a los intentos disgregadores que algunos promueven en una España de las autonomías, cuyo perfil último está insuficientemente definido. ¿Qué rasgos destacaría de su personalidad? Creo que la fidelidad a lo que cree verdadero y valioso, y el valor con que defiende eso que estima y cree. Ha defendido a su maestro Ortega, o a Unamuno, cuando todos atacaban sus obras y querían eliminarlos de la circulación; de igual manera proclamó la vigencia del liberalismo, y la necesidad de libertad, cuando vivíamos en una dictadura, y, al mismo tiempo, ha tenido una sensibilidad y respeto exquisitos para no herir a nadie, respetar a las personas, y buscar en lo posible la concordia social, para restañar las heridas de un pasado dramático. |
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CLAVE Y LECCIÓN ¿Y de su obra? Su obra es, a la vez, de una gran variedad y riqueza y de una enorme coherencia. En ella se extrema aquella idea de su maestro Ortega, de que la claridad es la cortesía del filósofo; el hecho de que haya hecho una parte muy grande de la misma en las páginas de los periódicos, creo que le ha obligado a pensar siempre con la mayor claridad y con un gran esfuerzo de síntesis. Como toda obra muy amplia, corre el peligro de que se desdibujen, para los lectores, las líneas de su perfil. Y eso es, quizá, lo que más me ha preocupado al preparar este pequeño libro sobre su figura y su obra. ¿Un libro de Marías para quién? He pensado que este libro, en su espíritu, podría tratar de ser un Marías de bolsillo. No lo es por su tamaño físico, y seguramente porque el lector que conozca la obra de Marías siempre echará de menos ahí muchas cosas. Pero he pretendido que quien lo lea tenga la impresión inmediata de la voz personal y del rigor mental que hay en esa obra; y he buscado además, en mi introducción, señalar con energía lo que me parece que son sus hallazgos y sus ideas más personales. ¿Por qué lo ha escrito? Yo tenía y tengo una deuda intelectual y personal con Marías, desde los tiempos en que, por influencia de sus lecturas, me fui hacia la filosofía y las ciencias sociales, y orienté mi vida en la forma que lo he hecho. Pero, además, ha habido la ocasión de la invitación que recibí de la Diputación provincial de Valladolid, que al dar a Marías el Premio a su trayectoria literaria hace unos años, deseaba tener un libro dedicado a su figura en una colección de sus autores premiados, y ello me animó, ya que no a pagar mi deuda con él, por lo menos a responder a ella del mejor modo posible, que es leerlo, estudiarlo, y tratar de poner por escrito, de un modo directo, esa reflexión sobre su persona y su obra. Julián Marías representa hoy una pieza fundamental en nuestra cultura y en nuestro modo de enfocar la vida pública y la convivencia; creo que sus ideas y su ejemplo moral son una lección valiosa y, a la vez, completamente oportuna para los españoles de nuestro tiempo. Leticia Escardó |