RetrocesoA&ONº 267/5-VII-2001SumarioTestimonioContinuar
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Una familia de la diócesis vende todas sus pertenencias en Salamanca
para irse en misión a una parroquia de un barrio de Viena

Dejarlo todo para seguir a Dios es una propuesta que pone los pelos de punta, que asusta, pero al mismo tiempo ilusiona, como pocas, si se escucha con confianza y valentía. Dejarlo todo y seguir a Dios puede significar muchas cosas. En el caso de Manuel José Crespo y Pepi Morillo, en este momento de su vida, supone un cambio radical. Van a dejarlo todo para partir en misión, con sus tres hijos, a una parroquia de un barrio de Viena.

Este matrimonio zamorano llegó a Salamanca hace un par de años, con Alberto, Cristina y Ester, sus tres hijos. Aquí pertenecen a la segunda comunidad neocatecumenal de la parroquia de Cristo Rey. Manolo lleva en el camino neocatecumenal desde los once años. Siempre ha vivido su fe en el seno de una comunidad de este tipo. No es ése el caso de Pepi: Para mí —dice la esposa—, que empecé a los 20 años, ha supuesto una reconciliación con la Iglesia. La Iglesia, ahora, es como una madre y no puedo estar sin Eucaristía y, sobre todo, sin el sacramento de la Penitencia. Estoy muy agradecida. El camino neocatecumenal es un movimiento de Iglesia que Kiko Argüello en 1964 fundó. A través del neocatecumenado, se abre en las parroquias un camino de iniciación cristiana que desarrolla un trabajo pastoral de evangelización para adultos: es un movimiento de Iglesia —explica Manolo—. De hecho a nosotros, en esta misión, hemos sido enviados por el Papa.

SEGUIR A DIOS NO ES UNA BROMA


El curso pasado, en Roma, durante el Jubileo de las familias, Juan Pablo II envió a 109 familias de todo el mundo, que se dice pronto. Familias enteras, con sus hijos, que en estos días lo dejarán todo para ir donde se les necesite.

¿Qué lleva a un matrimonio cristiano a tomar una decisión así? ¿Cómo vive una pareja su fe para tomar una decisión de este tipo?

Manolo contesta con seguridad y firmeza que seguir a Dios no es ninguna broma ni ningún pasatiempo. No quiere decir ir a misa el domingo para cubrir el expediente. Realmente hay que vivir el amor de Dios, y eso supone estar en continuo movimiento, dispuesto a lo que se nos pida en cada momento.

Este matrimonio joven vive la fe de una manera muy intensa. Así se lo intentan transmitir también a sus hijos, a través de la oración diaria. Para ellos es fundamental la pertenencia a la comunidad neocatecumenal de la parroquia de Cristo Rey, con cuyos miembros comparten la celebración de la Palabra, la Eucaristía y una convivencia mensual. Precisamente en una de estas convivencias, en octubre de 1999, se ofrecieron para esta misión.

Pero ésta no es una historia de entrega, romántica y aventurera. También hay temores, dificultades. Dejar tu casa, tus cosas, venderlas…, es duro —dice Pepi—. Al comprar el piso lo hicimos con mucha ilusión, pensando que íbamos a estar aquí toda la vida. Ahora se nos plantea una situación que no conocemos, que no controlamos; pero bueno, el Señor nos irá marcando el camino.