RetrocesoA&ONº 268/12-VII-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
De verdad que lo de Arzalluz y sus múltiples turiferarios y mariachis es de aurora boreal: ahora sale diciendo que Santiago y la Virgen del Pilar son mitos para crear España. Sabe perfectamente que no es verdad, que son médula misma de la raíz de España; y, por tanto, le guste a él o le deje de gustar, médula misma también de esa maravillosa y querida parte de España que es el País Vasco, por mucho que en sus ikastolas se empeñen en querer enseñar lo contrario. Aunque no es fácil asombrarse más cuando Arzalluz habla, es asombroso que alguien como él, que no ha hecho otra cosa que pedir al resto de los españoles, salga ahora diciendo que España es un país pobre, mendicante, que vive de las ayudas de los otros. Y todo, para alzarse con el santo y la limosna del mito —ése sí que sí— máximo de su aberrante nacionalismo: la independencia. No sabe uno por qué especie de extraño privilegio, se atribuye a sí mismo y a los vascos la exclusiva de la autodeterminación. Pues no es verdad: los demás españoles, igual que él, también tenemos derecho a la autodeterminación, y en el ejercicio sereno y responsable de ese derecho, determinamos que el muy querido País Vasco, que nunca ha gozado de tan justa y rica autonomía como con elactual Estatuto de Guernica, ha sido siempre y es una parte indisoluble de España. Porque a nuestros abuelos, padres, y a nosotros, nos ha costado mucha sangre, sudor y lágrimas. Y también mucho dinero. ¿Tan difícil de entender es? Juan Pablo II, al recibir recientemente, en visita ad limina a los obispos cubanos, ha hablado con toda claridad de ideologías caducas. Andan por ahí, peligrosamente sueltos —y no sólo en la Cuba castrista o en la China comunista—, muchos subsidiarios y adictos a ideologías caducas.

El diario El Mundo está promocionando una singular biblioteca en la que ofrece una selección de obras y autores a quienes compren el periódico. Nunca mejor dicho lo de selección, porque en ella hay de todo: autores y obras verdaderamente maestras e incontrovertibles, y otras, no pocas, para regalárselas al seleccionador, cuyo particular gusto queda reflejado elocuentemente en la solapa del espléndido libro que, cuando escribo estas líneas, está en los quioscos: Plaza del Castillo, del grandísimo escritor Rafael García Serrano. Se lee textualmente en dicha solapa: A pesar de que el escritor toma partido, su literatura es una de las más destacadas de aquellos años. Sí, han leído ustedes bien: A pesar de que el escritor toma partido... ¿Qué pasa, que todos los demás autores de la colección no toman partido?

Gonzalo de Berceo