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Sabemos que es el Espíritu Santo el que nos ofrece, en este particular momento histórico, en los movimientos y nuevas comunidades eclesiales, los signos vivos de su creatividad vivificante, dijo el primer día el cardenal Castrillón Hoyos, Prefecto de la Congregación para el Clero.
Si el Santo Padre decía a su vez Chiara Lubich en la primera conferencia del Congreso afirma que los nuevos movimientos y nuevas comunidades eclesiales son un don a la Iglesia para la nueva evangelización, debemos creerle. Apelando a la primera comunión eclesial, que es la comunión con el Papa y su magisterio, Chiara Lubich desarrolló la doctrina de Juan Pablo II sobre la nueva evangelización, para trazar después aquellos rasgos de la espiritualidad y la vitalidad de del Movimiento de los Focolares. Dios me ama, Dios te ama, Dios nos ama inmensamente es la expresión nueva de una ardorosa convicción, que testimoniada, antes que anunciada, por la vida en la familia, en la escuela, en la fábrica, en la calle, o en el Parlamento, se descubre, antes de ser pensada como tal, como un verdadero nuevo método de evangelizar, que ha atraído de la increencia o de una creencia tibia a millones de personas de todas las naciones y culturas. |
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El padre Michael Marmann recordó que, cuando el Padre Kentenich fundó el más antiguo de los nuevos movimientos eclesiales, el movimiento de Shöenstatt, mostró un nuevo modo de vivir el ardor misionero típicamente mariano, expresado no en una devoción, sino en la experiencia de un lugar, el santuario, reconocido como lugar de gracia, de educación, y de fecundidad apostólica, corazón del que parte todo impulso misionero, cuyo método también se basa en la primacía del ser respecto del hacer. El anuncio del Kerigma propio del Camino Neocatecumenal, por su parte, es, en cuanto a método de evangelización, fruto de un ardor que el Camino procura, como una gestación a la fe, que, según explicaba Stefano Gennarini, se expresa en dos signos claros de contradicción de los cristianos en una sociedad secularizada: la unidad y un amor a la medida de la Cruz. Para Salvatore Martínez, de la Renovación Carismática, el nuevo ardor lo acredita sólo un evangelizador con rasgos de profeta, que anuncia la palabra que le arde en la boca tras ser por él asimilada y degustada; nuevos métodos son los de una evangelización que no parte de unos pocos individuos solitarios, sino de grupos de oración, pequeñas comunidades, y núcleos familiares, en los que los más pobres se convierten en promotores de evangelización; las nuevas expresiones son las que surgen de un corazón vivificado por el Espíritu, que no sabe contener la alegría y el estupor por la presencia de Cristo en medio de sus discípulos. Para Jesús Carrascosa y el padre Gastiglione, de Comunión y Liberación, la nueva evangelización pasa por cambiar la primacía de la ética por la primacía de la ontología, por mostrar que el acontecimiento cristiano responde al auténtico deseo del hombre de verdad, de bondad y de belleza, por demostrar la utilidad y la creatividad de la fe en los diversos ámbitos de la vida cotidiana, porque la fe tiende a renovar la vida entera y ser la forma misma de la persona. No menos interesantes fueron las palabras de Andrea Riccardi, que no habló de la Comunidad de San Egidio por él fundada, sino del desarrollo de la comunión entre los movimientos eclesiales, entre ellos y con los pastores de la Iglesia, del 98 hasta hoy, cuando dijo, entre otras cosas, que los movimientos nacen, en diversos momentos de la Historia, del don de aquella pasión del Señor por las gentes, que se hace evangelización. El profesor Riccardi ofreció el secreto de la experiencia vivida entre los movimientos desde la gran Vigilia del Pentecostés de 1998, convocados por Juan Pablo II, e interpelados por él a una mayor comunión: No se trata de una mayor coordinación entre ellos, sino algo mucho más profundo, porque de nada sirve coordinarse si no existe una conciencia profunda de unidad, si no existe un amor desde la base que hace que cada uno sea indispensable para el otro, y que responde a una Iglesia rica en carismas, pero unida y cohesionada en el amor. |
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EL MENSAJE DEL PAPA El cardenal James Francis Stafford, Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, llevó al Congreso dos aportaciones fundamentales: una de su propia cosecha, sobre la misión de los laicos en la nueva evangelización, y otra, de parte del Santo Padre, que fue el mensaje pontificio al Congreso, en el que el Papa principalmente afronta el tema del lugar que ocupan los sacerdotes diocesanos en los nuevos movimientos y comunidades eclesiales. El Papa destaca la óptima relación entre sacerdotes y laicos, cuando dice que en los movimientos, habiendo sido alcanzados y atraídos por el mismo carisma, partícipes de una misma historia, formando parte de un mismo ámbito, sacerdotes y laicos comparten una interesante experiencia de fraternidad entre que se edifican mutuamente sin confundirse jamás. Corregida toda posible cerrazón presuntuosa y restringida que llevase a sacerdotes, diáconos y seminaristas vinculados a estos movimientos a no valorar otras modalidades de participación de los fieles en la Iglesia, y descartadas tanto la tentación de clericalización de los movimientos, como la de una laicización de los sacerdotes vinculados a ellos, la experiencia muestra, según afirma el Santo Padre, que participando en ellos, de hecho, los presbíteros pueden aprender mejor a vivir la Iglesia en la co-esencialidad de los dones sacramentales, jerárquicos y carismáticos que les son propios, según la multiplicidad de los ministerios, estados de vida, y funciones que la edifican. Es más, los sacerdotes encuentran en los movimientos la luz y el calor que les ayuda a madurar en una fervorosa vida cristiana y, en especial, en un auténtico , que los impulsa a una fidelidad sólida a los legítimos pastores, volviéndolos atentos a la disciplina eclesiástica que los lleva a cumplir con entusiasmo misionero las actividades de su ministerio. Manuel María Bru |