RetrocesoA&ONº 268/12-VII-2001SumarioDesde la feContinuar
¿Mundializar la antiglobalización?
El desafío capitalista
La antiglobalización no es únicamente asunto de orden público. En la globalización tecno-económica y política pugna otro sistema, otra época, otro mensaje. Sondear el enigma del porvenir es una fascinación útil, grave y falible. El azar resulta menos controlable que la necesidad. Hay múltiples variables inéditas en la configuración del futuro. Sociólogos, políslogos, arúspices, augures, hoy los prospectivos intentan siempre penetrar en el arcano de los acontecimientos no acontecidos y alargan la potencia de los faros en la ruta irrecorrida de la Historia en la cual nos embala el velocísimo cambio hacia lo previsible, no previsto. ¿Cómo salir del liberalismo? Se autointerroga Touraine. ¿Cuál es la tercera vía? Se cuestiona Giddens. ¿Qué es lo nuevo? Castells responde: No es la sociedad de la información —siempre hubo información previa a los cambios—, lo nuevo es el desafío tecnocapitalista. Mis tres colegas cinciden en el diagnóstico, se complementan en sus vaticinios. Y, como siempre, son desconsiderados o mudos con el dato espiritual, olvidan a Max Weber cuya afirmación sobre cuanto mueve la conducta de los hombres se centra en los intereses materiales y espirituales.

DESCONTENTO DE LA MAYORÍA


Ante el cambio fuerte y raudo de la tecnología, cree que surgirán nuevas redes imbatibles por el Ejército y las Iglesias. Da por supuesta la posibilidad de crear importantes movimientos con pocas conexiones. Hay mucha filosofía implicada en el tema. Giddens cree que, por la información, las fuerzas mundializantes expanden y limitan la democracia, y que la negociación de los líderes políticos con los ciudadanos ha de desarrollarse en los medios de comunicación, con lo cual se creará una nueva articulación de los Estados. Las ONG, opina Castells, están financiadas por Gobiernos. Y el descontento de los gobernados crece. Menciona una encuesta de la ONU, según la cual el 66% de los gobernados en el mundo y Europa (salvo los países Bálticos) no se sienten representados por sus gobernantes.

El capitalismo ejerciente, encantado con la caída del comunismo continental, ebrio de poder y codicia, se ve sin enemigo. Y trata, embalado, de unir a las empresas y configurar un trasnacionalismo a favor de los países ricos. Las multinacionales así engendradas, el empresariado tecno-económico, se refuerza en las primeras naciones. Y esto se hace sin representación de los ciudadanos y trabajadores, sólo con Gobiernos, empresas (acaso algún funcionario). Los ciudadanos descontentos y preteridos reaccionan ante el trasnacionalismo tecno-económico que ya empezó… Esto enlaza con la globalización de la antimundialización: participación de los afectados por el futuro imaginado. Lo verdaderamene grave es que la mundialización empieza sin controles. En las relaciones internacionales el capitalimo campa por sus respetos hasta la creación de un poder que pueda imponer el control posible.

Se va hacia la flexibilización, al contrato basura, como más eficaz remedio de la improductividad y la incompetencia. El despido fácil no restringe la recolocación. Subir los impuestos crea paro. En varios países los servicios públicos funcionan mal. Este cuadro es discutible y retocable. Touraine y Giddens afirmaron, no sé su razón, que la derecha es colectivista y la izquierda es individualista, y más poderosa, al depender de ella los derechos individuales, las minorías y la cultura (?) El profesor inglés considera funcional que Aznar se interese por la tercera vía. En su aclaración admite que los valores de la derecha (familia y moral tradicional, la identidad nacional…) llevan a acoger la mundialización(?)

No contempla Giddens la tensión cristianismo-liberalismo. Aznar dice que hay que ser moderadamente liberal, y él triunfó como Reformismo de centro. Acaso, con subconciencia, o consciente de la etiología del Proceso, pueda pronosticarse la metanoia, la conversión de los terceros países, y entenderse la actitud defensiva de la izquierda y la moral social. ¿Cómo conciliar el reformismo de centro de sus alas diestra y zurda? Siendo moderadamente neoliberales en ciertas cosas y claramente reformistas en otras. El reformismo y el liberalismo son incompatibles en su visión del mundo, pero tienen soluciones técnicas conciliables y funcionales.

La reacción globalizadora de la antiglobalización contiene un talante defensivo no monopolizable sólo por las izquierdas. El reformismo, de izquierda, de centro y de derecha, se apoya —ya se insinuó— en las soluciones técnicas idóneas del neoliberalismo, en los remedios probados de otras ideologías; pero el reformismo rechaza la cosmovisión liberal por su indiferencia ante la persona humana, centro y origen de todo. Los derechos y responsabilidades manan de la dignidad del ser humano, de su vocación de felicidad, autorrealización, excelencia, plenitud; no de la indiferencia liberal ante los intereses espirituales y materiales que, según Max Weber, mueven la conducta y las acciones sociales significativas de los hombres. La secularización al 100% del marxismo y los liberales increyentes promueve la injusticia social que nace de un mercado socialmente intocable.

LIBERTAD ¿PARA QUÉ?


La cosmovisión liberal en su intento tenaz de sustituir la centralidad del hombre, por su libertad como fuente de todo, es refractaria a la visión reformista: es materialismo. La libertad es el valor instrumental supremo. Es sierva la dignidad del hombre, de sus elecciones y pretensiones de dicha. Sin libertad no habría responsabilidad. La Weltanschaung liberal es inhumana; el liberalismo, ¿para quién?, ¿para qué?…, es un error; no algunas soluciones útiles de los liberales.

El neoliberalismo aporta remedios fucionales para mucho, a pesar de cuanto escribo: en primer lugar, la economía privada es una energía histórica y benéfica; segundo, la economía social de mercado (no la que tacha social) —el poder tiene que atemperar, con tacto y tino, al mercado—; tercero, la representación política, social, económica, cultural bajo el parlamentarismo dialogante… El stablisment descuida hoy la representación espiritual; pero, cuarto, preconiza la competencia leal, la productividad, la subsidiariedad...

No es aceptable la antiglobalización como desorden público (hay vías de protesta y de propuestas, de institucionalización), ni la violencia, como capitalismo gentil y duro. Es anhelable una nueva configuración política y profesional. ¿Puede el reformismo centrado evitar el aldabonazo de la unión de las grandes corporaciones? David, Vietnam, la guerrilla española, pudieron a gigantes. La marginación dramática sabe que las pasiones capitales hacen historia. La justicia, el rencor, la envidia, la codicia, la ambición de poder, asesinan, y con estrategias impensables. Con tiempo, acaso mucho, pueden surgir ideas de galerías subterráneas. Obviamente no soy de la tendencia de los citados, pero recuerdo las ideas de Taparelli sobre el poder mundial, de Ihering sobre la lucha por el Derecho, la tesis de J. Calvo Sotelo sobre el abuso del poder, sobre las ideas solucionadoras de Guardini acerca de la nueva imagen y soluciones para el hombre y el mundo en su interpretación teológica del poder.

J. M. González Páramo