RetrocesoA&ONº 268/12-VII-2001SumarioDesde la feContinuar
Con ojos ...de mujer
Hablamos poco de Dios

No digo que tengamos que seguir a rajatabla en el secularizado mundo nuestro el aforismo que santa Teresa hizo poner, enmarcado en un humilde cuadro, en los locutorios de sus conventos, y que yo leía con admiración cuando iba de visita a las carmelitas de Yepes, a ver a mi tía Carmen.

¿Qué qué decía el tal aforismo? Pues algo tan sublime como:

Hablar de Dios o no hablar, que en la casa de Teresa esta ciencia se profesa.

Actualmente lo que sucede es que no hablamos nada de Dios.

— ¿Figura Dios, figura Cristo en nuestras conversaciones familiares o con los amigos?

— Poco, poco...

— ¿Se habla de Dios, se habla de Cristo normalmente en la prensa, en la televisión, en los medios digitales de la Red?

— Rara vez.

— ¿Citan a Dios nuestros políticos y hombres públicos?

— Casi nunca.

Hasta hemos desterrado de nuestro vocabulario frases comunes, tan hermosas como decir al despedirnos el consabido adiós de nuestros padres que era el A Dios de nuestros antepasados. Aquel confiar a Dios a quienes ibas a dejar de ver por poco o mucho tiempo se ha trocado en un vulgar y aséptico hasta luego. Y, como este botón de muestra, tantos otros trueques que eliminan a Dios de nuestro hablar diario, de nuestra cultura popular, de nuestra vida cotidiana, de nuestra lengua y de nuestros corazones. Así nos vamos empobreciendo y alejando, mientras caemos en los horóscopos y las videntes.

— ¿Por qué lo consentimos?

— Por dejadez, por seguir la corriente.

Mercedes Gordon