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En vacaciones, la decisión de todos los años: ¿Qué hacer con los niños para que pasen un verano provechoso? Y ¿a dónde vamos? Gracias a Dios, hay bastantes opciones: los campamentos de verano, el pueblo con los abuelos, alquilar una casita rural (aunque cada vez sale más caro)... ¿Y la playa? ¿No vais a la playa? En honor a la verdad, la playa es deliciosa. La playa y los baños de mar siempre han sido una fuente de salud, si se va con precaución, si realmente sirven para relajar el ánimo y no para acabar con un melanoma o una insolación. Pero llega, a veces, una respuesta rotunda:¡No! A la playa, con los niños, no vamos. Ni nos lo planteamos siquiera. Porque hace ya muchos años que nos han quitado a las familias nos lo hemos dejado quitar con nuestra indiferencia o inacción el derecho a disfrutar de la costa. El desnudismo es común hasta en las playas más familiares, más de pueblo. Ahora ves en todas las playas grandes carteles con avisos en los que se prohibe acampar, jugar a la pelota, llevar al perro, comer o tirar colillas. Dentro de poco prohibirán hasta hacer castillos de arena o recoger conchas, por aquello de que agujereas o deshaces el entorno; pero, eso sí, puedes estar tan desnuda como quieras: Al fin y al cabo, no hago daño a nadie Sin embargo, en las playas nudistas existen grandes precauciones protegidas por la ley para garantizar el derecho de sus usuarios, y que nadie vestido pueda estar allí. ¿Y por qué no al revés? La iniciativa, la reclamación, la deberíamos liderar los ciudadanos a los que nos encanta la playa y, sin embargo, se nos dificulta el derecho a disfrutarla con la misma libertad, al menos, que aquellos otros. En España, la Ley del Menor (1996) habla de la influencia de la publicidad y de los medios de comunicación audiovisuales en el desarrollo moral o físico del niño; pero, desgraciadamente, olvida el legislador la salubridad moral en el barrio o en el lugar de vacaciones. El niño no sólo necesita lugares limpios y adecuados para jugar, sino también un ambiente sano en cuanto a hábitos y comportamientos públicos y sociales. ¿Qué importancia tiene que no le dejemos ver la televisión, si luego ve lo mismo en el parque, en el quiosco de prensa o en la playa? En esto, el menor sigue estando desprotegido. Los padres hemos hecho una clara dejación de deberes, y ahora es más que difícil recuperar lo perdido. Pero no es tarde. Si queremos disfrutar de unas vacaciones coherentes con nuestros principios morales y con la educación que queremos dar a nuestros hijos, hay que luchar por ello, e interponer las reclamaciones oportunas que las leyes nos garantizan. Se trata, simplemente, de una cuestión de respeto: el que debemos a los demás , y el que tenemos derecho a recibir en el mismo grado. María Mercedes Álvarez Pérez |