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Puede que alguien vea triunfalismo en el título, pero quince días los que han transcurrido desde que Juan Pablo II se despidió de los ucranianos parecen suficientes para el análisis sereno y para el necesario discernimiento, y, desde luego, para sacudirse uno de encima toda tentación triunfalista, cosa que en ningún momento le ha rondado a uno, porque el más minucioso realismo lo impide. El caso es que no soy yo, ciertamente, quien lo dice; fue el cardenal grecocatólico Lubomyr Husar, arzobispo de Lvov, quien, al concluir la visita pastoral de Juan Pablo II a Ucrania, dijo a los periodistas: Moscú no está tan lejos... Veo claras señales de deshielo entre ortodoxos y católicos.
Elegante e inteligentemente, no entró a calificar en modo alguno la impresentable espantada del Patriarca Alexis, de Moscú, tozuda y deliberadamente empeñado en perder el tren de la Historia, y ayuno de educación elemental básica. Estamos asistiendo dijo el cardenal a un intercambio de señales, porque hay situaciones en las que hablarse directamente es difícil; para mí es evidente que el Patriarca Alexis ha tratado de transmitir muchas señales, aunque la mayoría de ellas no fáciles de entender. Creo que, después de esta visita de Juan Pablo II, a nadie responsable y sensato le cabrá duda de que nada más lejos de la intención del Papa que el proselitismo. Los verdaderamente conscientes de lo que este viaje de este Papa eslavo ha significado no parecen, pues, tener duda de que han quedado abiertas puertas, y asentadas posibilidades, que, por el momento, no son ni siquiera imaginables. Pero es que, además, desde dentro no ya de la Rus, en la que un Papa católico ya ha puesto el pie y el corazón, sino desde el mismísimo Moscú, monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, Administrador apostólico de la Rusia europea, ha confirmado: Se equivoca quien tema un viaje de Juan Pablo II a Rusia. Y le ha renovado la invitación que, como Gorbachov y Yeltsin, ya le hiciera, para que el Papa pueda rezar en la, en otros tiempos, Plaza Roja, a cuya entrada hay una preciosísima iglesia dedicada a la Virgen Iberskaia (Ibérica), ante la que cada día, a todas horas, hay flores frescas y moscovitas rezando. El propio metropolita ortodoxo Filarete, tras besar a Juan Pablo II, comentó: Cuando Rusia vea lo que ha ocurrido en Ucrania, querrá una visita papal. |
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El Papa ha pedido perdón y ha perdonado. Ha reiterado que, cuando a la Palabra se la oscurece, se alzan los muros de los prejuicios y de los nacionalismos, y se ven heridas todavía sangrantes donde no es para tanto. Ha beatificado a los mártires heroicos de la Iglesia uniata. Yo mismo dijo el Papa fui testigo, en mi juventud, de aquella especie de apocalipsis del dolor de vuestro pueblo. La foto de Karol, haciendo la mili en Ucrania, ha dado la vuelta al mundo estos días. Un millón de fieles de catacumba ¿cuántos ortodoxos entre ellos?, llegados silenciosamente durante la noche, se estrechaban, emocionados, junto al Vicario de Cristo, y las fotos testimonio de su intensidad de oración han dado también la vuelta al mundo y nos han conmovido a todos. Icono de las Bienaventuranzas ha llamado Juan Pablo II a la bienamada Iglesia en Ucrania. ¿Estáis todavía dispuestos al martirio?, osa preguntar un sacerdote desde el micrófono. Y la respuesta, impresionante, es un sí atronador. Las cadenas de TV americanas abrían sus telediarios constatando un gran feeling entre el Papa polaco y Ucrania. No es la primera vez que el pueblo va por delante de sus guías. ...y, naturalmente, los jóvenes, el futuro de Ucrania. Allí estaban. Y el Papa, en su línea de siempre, ni les prometió días de vino y rosas, ni les doró píldora alguna; les dió esperanza y les exigió coherencia evangélica: No os dejéis ganar por el consumismo; no abandonéis vuestra tierra para ganar un dinero fácil; sabed ir contra corriente... Les recordó la pregunta de Cristo en el evangelio a los suyos: ¿Vosotros también queréis abandonarme? Y respondieron como aquéllos: ¿A dónde vamos a ir, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna. La prensa francesa, que había pronosticado: Jean Paul II en terrain miné, ha reconocido que este Papa, que no mira los regímenes políticos, sino a las personas que viven en ellos, ha sabido hacer renacer a la Iglesia en Ucrania sacándola del terreno minado y del gulag. Está en juego un pueblo, no un sistema político, o económico, o eclesiástico... Todos se han dado cuenta de que quiere gastar y desgastar sus últimas energías derribando muros inútiles y alzando la casa común del mismo Padre. Se oía comentar a los ortodoxos en el aeropuerto, a la hora de la despedida: Si tuviéramos aquí a uno como él... Nunca ha estado tan cerca de Moscú geográfica, pero sobre todo espiritualmente. En Rusia el 63% de los rusos quiere ver al Papa muchos más que Putin tienen que haberse dado cuenta de que, más que nunca, Moscú ahora es todo, menos misión imposible. Miguel Ángel Velasco |