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El grito de los pobres Los pueblos más ricos y tecnológicamente avanzados, al ser concienciados de que Dios Creador y Padre quiere hacer de la Humanidad una sola familia, tienen que saber escuchar el grito de tantos pueblos pobres del mundo: piden sencillamente un sacrosanto derecho para ellos. A los responsables de los Gobiernos de todo el mundo y, en particular, a los que se reunirán en Génova deseo asegurar que la Iglesia se compromete con las personas de buena voluntad para garantizar que, en este proceso, sea toda la Humanidad la que salga ganando. El destino universal de los bienes de la tierra es, de hecho, uno de los puntos cardinales de la doctrina social de la Iglesia. A los cristianos les pido, ante todo, una oración especial por los Jefes de Estado y de Gobierno, y les exhorto a trabajar juntos para construir un mundo más unido en la justicia y en la solidaridad. Los cristianos deben prepararse para esta tarea con una educación moral y espiritual robusta, con una conciencia profunda de la doctrina social de la Iglesia y con un gran amor por Jesucristo, Redentor de todo hombre y de todo el hombre. Pidamos a la Virgen Santísima que infunda en el corazón de cada uno sentimientos de paz y de solidaridad, de modo que el encuentro previsto pueda servir para madurar decisiones favorables para el verdadero bien de toda la Humanidad. (9-VII-2001) |