RetrocesoA&ONº 269/19-VII-2001SumarioDesde la feContinuar
Teatro
Inteligente caricatura del melodrama

Un personaje dice que recordar lo que no ha sucedido se llama mentira . Otro asegura, con toda la seriedad del mundo, que, cuando grita, grita en voz baja. Otro más certifica que el pasado ha pasado, y por eso se llama pasado ; otro, en fin, telefonea a alguien para saber su número de teléfono.

Son cuatro botones de muestra de la lógica aplastante del ilógico y absurdo humor jardielesco que en Madre (El drama padre) , inteligentísima y vanguardista caricatura del melodrama , alcanza, sobre las bien pertrechadas tablas de La Latina, cotas difícilmente superables; un humor que se adelantó a su tiempo en varias décadas y que, ahora, en el centenario del nacimiento de Jardiel, alcanza el triunfo clamoroso que, en vida, no le fue reconocido, como era debido, al lúcido autor que hoy mantiene simultáneamente tres obras muy aplaudidas en los escenarios madrileños.

Sergi Bebel ha sabido darle a la dirección de la obra el ritmo endiabladamente vertiginoso que requiere. Con la ayuda de Max Glaenzel y de Estel Cristiá, en una escenografía a medias entre el Pierrot -polvos de talco- del Teatro dell´Arte y el Hollywood más logrado del blanco y negro de Cukor o de Hawks -decorado, vestuario e iluminación incluídos, por supuesto-, le han comido al patio de butacas las primeras filas y han ampliado el escenario hasta lograr que el público forme parte del enredo y del lío soberano que se forma, sin ni siquiera telón que suba y baje, de por medio. A base de continuos e ingeniosos golpes de efecto, Jardiel-Groucho, como siempre, quizás más que siempre y muy a gusto en esta obra, va tejiendo en el primer acto la intrincada madeja, y desatando los cabos que en el segundo tiene que desmadejar y que volver a atar, en medio del permanente regocijo del espectador.

El Centro Dramático Nacional -¡buen homenaje!- atina de lleno en la interpretación, en la que destaca de manera abrumadora una deslumbrante y gretagarbista Blanca Portillo. Si Jardiel satiriza así de bien, sin haber más que entrevisto en las modas locas de los felices años 20 y 30 los actuales culebrones televisivos, ¿qué habría hecho, con su iconoclasta risa inteligente, ante esas infumables y denigrantes ridiculeces tipo Gran Hermano ? ¿Qué inverosímilmente prodigioso vodevil astracanado no nos hubiera brindado hoy? Y ¿no hay nadie que, al menos, lo intente? En La Latina puede aprender cómo se hace lo que hay que hacer, que para eso está el auténtico teatro.

Miguel Ángel Velasco