RetrocesoA&ONº 269/19-VII-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Los sacerdotes que queremos

Si no tuviese la seguridad de expresar los sentimientos de muchos católicos (ya sabemos que hay excepciones), no tendría la osadía de tratar un tema de tanta trascendencia, no solamente para la Iglesia católica, sino para toda la sociedad.

Llevamos ya muchos años diciendo que los tiempos han cambiado, y es evidente; la ciencia, la tecnología, el progreso material han experimentado unos avances espectaculares. Pero en el campo espiritual y moral, esta frase encubre nuestra mediocridad, la falta de valores trascendentes y, por tanto, nuestro desinterés. Esta actitud -estimo- ha sido la causante, en gran medida, de la secularización de la sociedad; muchos signos religiosos han desaparecido, los cuales nos recordaban la existencia de Dios.

Un sacerdote es un ser escogido por Dios de entre los hombres, no para ser un funcionario, ni un asistente social, ni un miembro de una ONG, si no para ser otro Cristo , es más, en frase del santo cura de Ars, un sacerdote de Dios . Por tanto, si un sacerdote ha sido escogido por Dios de entre los hombres, se ha de distinguir de los demás. Es un ser con una dignidad única en el mundo, al cual se le ha dispensado el poder de perdonar los pecados y de consagrar el pan y el vino, que se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Por tanto, el aspecto externo tiene mucha importancia, pues es un signo que se percibe por los sentidos, es un recuerdo de Dios en medio del mundo, y es luz espiritual, y la luz no se enciende para ponerla debajo de la mesa.

Los fieles queremos que los   sacerdotes   sean espirituales y fervorosos. Los queremos ver orando en los templos y sentados en los confesionarios, que celebren con reverencia y dignidad el Santo Sacrificio de la Misa. Queremos que nos den espiritualidad para que los seglares llevemos los valores evangélicos a nuestros ambientes. Queremos que nos prediquen la moral católica sin componendas ni ambigüedades. Que nos hablen de la conversión, de la oración, de la mortificación cristiana, de la gracia divina, del amor de Dios, de la santidad, del cielo-, que nos confirmen en la fe, seguridad de lo que se espera en frase de san Pablo. Queremos que a nuestros niños y   a nuestros jóvenes se les instruya en la doctrina católica con exigencia y con firmeza en la fe, para que cuando sean adolescente no se aparten de la Iglesia. Que los fieles sepamos distinguir entre lo moral y lo legal, para no incurrir por ignorancia en el mantenimiento de medios o actitudes anticristianas, pues, si nos acostumbramos a convivir pacíficamente con el mal, acabaremos influenciados por él.

El abandono por parte de muchos católicos de la práctica religiosa ha llevado a gran parte de la sociedad a ignorar la Ley de Dios y a no distinguir entre el bien y el mal, lo que es lícito y lo que no lo es. El sacerdote tiene que ser la voz de Dios que llame a la conversión. Hay que hacer que lo espiritual prevalezca sobre lo material. Misión difícil, pero no imposible.

Jaime Fomperosa Aparicio