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El Evangelio en la globalización Está claro que las aflicciones antiguas del alma humana y las grandes mentiras nunca mueren, sino que se esconden por un tiempo, para aparecer de nuevo en otras formas. Por eso es siempre necesaria una nueva evangelización, tal como aquella a la que el Espíritu Santo ahora está convocando a la Iglesia entera. Vivimos en un tiempo marcado del modo particular por la negación de la Encarnación. Por primera vez desde su nacimiento hace dos mil años, parece que Cristo no encuentra lugar en un mundo cada vez más secularizado. No le rechazan a Cristo explícitamente: más aún, muchos profesan admirarlo y valorar elementos de su enseñanza. Pero todavía queda lejos: no es verdaderamente conocido, ni amado, ni obedecido, sino consignado al pasado lejano, o al cielo lejano. Nuestra época niega la Encarnación de muchas maneras prácticas, y las consecuencias de esta negación son evidentes y perturbadoras. En primer lugar, la relación del individuo con Dios se ve como puramente personal y privada, como si Dios estuviera separado de los procesos que controlan la actividad social, política y económica. Esto conduce a un sentido muy disminuido de las posibilidades humanas, ya que sólo Cristo revela plenamente las posibilidades magníficas de la vida humana; sólo Él, en verdad, revela el hombre a sí mismo . Del Mensaje al Capítulo General de los dominicos |