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Carta de san Cristóbal a los conductores:
¿Cómo me las apaño para protegeros...?
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No puedo por menos que trasladar lo que dice a los lectores, porque no estará mal que sepan lo que piensa de nosotros nuestro Patrono. Así dice la carta: «Amigo conductor: |
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Soy san Cristobal. Sí, el Patrono vuestro, de los automovilistas. Yo no tengo mucha práctica en escribir, porque el servicio postal no llega hasta aquí arriba. Pero confiando en la benevolencia y en los grandes poderes de mi Jefe-Dios, y con su anuencia, te dirijo esta carta, que ya se encargará Él de que llegue a tus manos. En pocas palabras: se trata de algo que a ti y a mí tanto nos interesa, sobre todo en estos días de vacaciones: el coche, el tráfico. Te diré, con toda franqueza, que yo y los conductores ya no vamos de acuerdo. Así, sin más y por lo claro. Habéis hecho perder la paciencia a un santo, ¡que ya es decir! Cierto que, a juzgar por las apariencias, nadie se lo explicaría. Más devoción a mi persona, imposible: mi estampa en la cartera, el adhesivo y el de nuestra Madre María, en el coche, la medallita al cuello, el coche bendecido, ¿Acaso piensan camelarme con estampitas y altarcitos? ¿Crees que soy sordo y ciego,? ¿Crees que no oigo tacos y no veo tus arrogantes actitudes?, ¿que no veo tus imprudencias y faltas de solidaridad en tus viajes? No, no soy un niño al que se le pueda engañar fácilmente y, además, ¿uno es santo para nada? Escúchame, amigo y fiel devoto: Si hablamos de nuestros accidentes de carretera me parece que soy el santo que puede enorgullecerse de tener el mayor número de víctimas entre sus admiradores y devotos, ¡qué rabia! (perdón). No hablo de memoria: los datos me los habéis proporcionado vosotros. Caen como moscas. Según las estadísticas, en 1999, hubo 5.738 muertos, 31.882 heridos graves y 111.011 heridos leves en los cerca de cien mil accidentes. ¿Cómo me las apaño yo para proteger a esos 18.460.000 conductores, si ellos mismos no se protegen, si ellos no ponen de su parte prudencia y responsabilidad, y se saltan a la torera las señales que les avisan de los peligros? Yo ahí no puedo hacer nada. No, soy demasiado viejo para un trabajo semejante. Aquí se requiere un santo de los malos, uno más duro. Sí, ya lo sé, cada día que pasa me doy cuenta de que soy indudablemente de los santos carcas. Pero es que algunos problemas me encuentran sencillamente impreparado. Ma aturullan. |
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Por ejemplo: las parejitas en el coche. ¡Cuantas cosas tengo que ver! No, no ha habido nada trágico corporalmente, pero el alma, Yo no dejo de ser un santo y me han enseñado que ciertas cosas son pecado, Otros. Los que van de copas. Suben al coche alegres, muchas veces después de una noche de juerga. Ahora se llama movida. Porque eso es otra cosa, cambian las palabras para que no suenen tan mal, pero son lo mismo. No quiero meterme donde no me llaman, pero compañera sentimental=adulterio o amancebamiento, apropiarse de lo ajeno=ladrón, interrumpir el embarazo=aborto, movida=desvergüenza, Bueno, y no digamos cómo corren por la carretera. A veces ni siquiera se distingue el color del coche. Hoy, si no se corre, no se siente uno satisfecho. Se corre sin motivo, sin necesidad, a lo loco, para llegar, si acaso, diez minutos antes. Desgraciadamente, muchas veces, para no llegar. ¿Sabes lo que hago? ¡Rezo! Pero no, no ruego a Dios para que se las apañe Él y les ayude. Para eso estoy yo. Rezo para que venga la policía y ponga las cosas en su sitio; dé el merecido castigo a quien no sólo arriesga su vida, sino que pone en peligro, y muchas veces mata, a los que conducen bien y no tienen ninguna culpa. ¿Y sabes por qué ocurren tantas desgracias, devoto conductor? Porque muchos no saben que empuñan un arma al ponerse al volante. Un arma, que, si conducen imprudentemente, se puede disparar ocasionando el accidente y mata, ¡vaya que si mata!, ya lo has visto. Por no hablar de los impedidos y paraplégicos que quedan como consecuencia de esos atropellos. Huelga que continúe. No me harán caso. Cuántas veces te han dicho: Sé prudente, no bebas si vas a conducir, no corras demasiado, si estás cansado no conduzcas, nunca pierdas de vista la carretera, no uses el móvil al volante, cumple las normas de tráfico que garantizan tu seguridad y la de los demás, Pero tú tienes unas salidas que me darían pena, si no trajeran tan fatales consecuencias: que no es para tanto, que eso no me puede pasar a mí, con lo bien que conduzco, que con este coche que yo llevo,, etc. Perdona mi desahogo, pero me veo obligado a presentar la dimisión. Sí, has leído bien. Tengo el disgusto de presentar mi dimisión, como Patrono de los automovilistas. Lo he pensado bien y te lo anuncio. Pero voy a dejar terminar el año. Y seguiré en mi cargo hasta el 31 de diciembre. Si esto no se arregla, los conductores tendréis que buscar otro protector. Yo me siento viejo, cansado e impotente. Ya es hora de que me jubile, aunque no lo pensaba, quitándome esta responsabilidad que tantos disgustos me da y tan pocos frutos produce... Te saludo cordialmente. San Cristóbal». Vicente Hernández García |