RetrocesoA&ONº 270/26-VII-2001SumarioCriteriosContinuar
La Iglesia anglicana

Me creo obligado a manifestar qué siento sobre la Iglesia anglicana desde que me hice católico. En mi conversión no tuve conciencia de cambio alguno que se operara en mí respecto de materias de doctrinas; no así respecto de hechos; me siento obligado a confesar que experimento un gran cambio en la manera de ver a la Iglesia anglicana. Muy pronto me sobrecogió un pasmo extremo de que hubiera jamás imaginado que la Iglesia anglicana formaba parte de la Iglesia católica. Por vez primera la miraba desde fuera y veía lo que era: mera institución nacional, tal como con espanto lo había sospechado. La vi así espontáneamente, sin acto alguno definido de razón ni argumento de ningún género, y así la he visto siempre desde entonces. En la Iglesia católica reconocí al punto una realidad completamente nueva para mí, que no estaba fabricándome una Iglesia para mí mismo por un esfuerzo de pensamiento; y yo miraba a la Iglesia casi pasivamente como un gran hecho objetivo; miraba sus ritos, ceremonias y sus preceptos, y me decía: Esto es una religión.

No hablo con desdén de la Iglesia anglicana, por más que ellos me tienen por desdeñoso. Puede ser una gran creación, aunque no sea divina, y así es como yo la juzgo; pero que sea algo sagrado, que sea oráculo de la verdad revelada, que pueda reclamar para sí a san Ignacio o san Cipriano, que pueda ocupar el puesto, discutir la doctrina y cerrar el paso de la Iglesia de san Pedro; que pueda llamarse a sí misma la esposa del Cordero, he ahí una visión de la Iglesia anglicana que desapareció simplemente de mi espíritu al convertirme.

No cabe duda de que la Iglesia nacional ha sido hasta ahora un dique contra errores doctrinales más fundamentales que los suyos propios. Cuánto durará ello es imposible decirlo, porque la nación rebaja a la Iglesia a su propio nivel; pero la Iglesia nacional sigue teniendo sobre la nación aquel género de influencia que tiene un periódico sobre el partido que representa, y mi idea personal sobre la actitud que dice con un católico respecto de la Iglesia nacional es la de asistirla y sostenerla, si ello está en nuestro poder, en interés de la verdad dogmática.

John Henry Newman
de Apología pro vita sua (BAC)