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Para ciertas cosas basta el sentido común. Es verdad que hay razones científicas, filosóficas, antropológicas, jurídicas, teológicas, sociológicas y ecológicas para defender la vida. Es verdad que se puede razonar con argumentos sólidos y bien elaborados, para acabar diciendo que el derecho a la vida del ser humano, en todos sus extremos y situaciones, es algo sagrado y digno de respeto. Es verdad. Pero para llegar a esa conclusión no hace falta tener estudios superiores ni ocupar puestos destacados. Para eso basta el sencillo, prosaico y honrado sentido común. Si no se respeta la vida, ¿de qué se habla cuando se habla de derechos? Quien no defiende la vida, ¿a quién defiende cuando reivindica libertades? ¿Libertad de qué, para quien no tiene asegurada la premisa de la vida? Si se asesina la vida, ¿qué castillos políticos se construyen en el aire?, ¿para quién los derechos civiles o sociales?, ¿para quién la expresión, la reunión, el trabajo, el voto, la vivienda, la información, la igualdad, el honor, la intimidad, la educación,?, ¿para quién la libre circulación, el sistema sanitario, la autodeterminación o las pensiones dignas? Para quien quiere entender no hacen falta grandes discursos cartesianos. Basta el sentido común. Lo demás, encaje de bolillos. Ninfa Watt |