RetrocesoA&ONº 270/26-VII-2001SumarioDesde la feContinuar
Televisión
Empresas con alma

Los cabezas pensantes de la factoría Disney están considerando seriamente un cambio de contenidos y de distribución de sus productos para que las cosas no se les vayan de las manos. Por lo que parece, económicamente lo llevan peor que mal. Para el responsable de la herencia que legó papá Walt, Michael D. Eisner, lo que le provoca ansiedad no es propiamente que la película Pearl Harbor no haya cubierto las expectativas esperadas, o que el concurso de televisión ¿Quién quiere ser millonario?, emitido por la ABC, haya pegado un ligero resbalón de audiencia, ni tampoco que su parque temático en California ande siempre sumido en una cicatera media entrada. Lo que verdaderamente preocupa a Eisner es el cambio en los contenidos, esa arquitectura del gigantesco emporio que siempre ha sido la consigna del éxito: Recibo permanentes presiones por parte de muchos medios de comunicación que me aconsejan comprar canales de televisión, productoras, realizar fusiones, ¿por qué no fagocito a Telemundo, por qué no a la NBC? Y me pregunto a mí mismo: ¿qué está pasando con nuestra empresa?, ya no sé ni lo que es la Disney. ¡Uf!

Cualquier otro macro-emporio competidor de la Disney, se nos ocurren cientos, se preocupará siempre por ganar más y más canales de distribución para llegar a más y más gente; para ellos lo importante es la rentabilidad económica, no importa si al público le ofreces dinamita o cuscús. Sin embargo, la empresa de Pluto y familia siempre ha tenido claro que lo prioritario era el mensaje: el tono amable, el humor blanco, los valores familiares, la preeminencia de los chavales... Pero hoy no venden los programas, hoy nos movemos por los meandros de las reubicaciones; si algo no cuaja, se desecha en el triturador de principios y nos recolocamos, no importa si nos vamos más allá de cualquier medida. Al final las grandes empresas de cine y televisión van a seguir las pautas del grupo Virgin, del empresario Richard Branson, que empezó siendo una compañía aérea, y en la actualidad sus intereses abarcan vestidos de novia, servicios financieros y bebidas sin alcohol. De hecho, Branson ha ridiculizado a muchas empresas que funcionan sólo en base a mostrar una única gama de productos.

Una de las mentes más lúcidas y urgentes para devolver calidad, principios y metralla humana en los productos televisivos o cinematográficos es la del productor británico David Puttnam (la materia gris que se escabullía detrás de La misión y Carros de fuego). Si fallamos -dice- a la hora de usar las industrias mediáticas de manera responsable y creativa, si las tratamos simplemente como tantas otras industrias de consumo en vez de un complejo fenómeno cultural, entonces estaremos dañando la salud y la vitalidad de nuestra propia sociedad. Los artistas creativos tienen la grave responsabilidad moral de plantearnos retos, de inspirarnos, hacernos reflexionar y reafirmarnos al mismo tiempo que entretenernos.

Si la Disney abandona la responsabilidad de ser fiel a sus principios, por mor de la reubicación, quizá se endose una inyección de dólares, pero habrá perdido la confianza de una audiencia fiel que creía que existían empresas con alma.

Javier Alonso Sandoica