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A principios del mes de julio se han reunido las Comisiones episcopales delClero y de Seminarios para reflexionar y compartir proyectos sobre los sacerdotes y la pastoral vocacional. Para nadie resulta novedoso que hoy, en nuestra sociedad occidental, las vocaciones, tanto al sacerdocio como a la vida consagrada, son escasas. Las causas son variadas: la cultura ambiental de corte materialista, la descristianización de las familias, la disminución de la natalidad, las dificultades para la transmisión de la fe y la iniciación y posterior formación cristiana, la imagen social que se tiene de los sacerdotes, etc. Pero junto con estas dificultades, se puede comprobar también que sigue habiendo jóvenes que responden a la llamada de Dios. Por ejemplo, cada año son unos 350 los que entran en los Seminarios Mayores de las diócesis españolas, y pasan de 200 los sacerdotes que se vienen ordenando anualmente. Incluso hay un dato sociológico que hace pensar: en la encuesta Jóvenes españoles'99, hecha a jóvenes entre 15 y 24 años, se introdujo por vez primera una pregunta: ¿Has pensado alguna vez en la vida religiosa o sacerdotal como una posibilidad en tu vida (el hacerte cura, monja/e, religioso/a)? y las respuestas positivas fueron: 5,9% me lo he planteado alguna vez; 0,5%: me lo he planteado a menudo. Estos porcentajes, que no son altos, sin embargo, traducidos a números reales, resultan significativos: el 5,9 % son 360.000 jóvenes, y el 0,5% son 30.772. Es decir, más de 30.000 jóvenes entre 15 y 24 años se plantean a menudo su vocación. La sociología nos permite comprobar algo que afirma la fe y la teología: Dios no abandona a su pueblo y sigue llamando a jóvenes para que entreguen su vida en servicio total al Evangelio. Tenemos aquí un gran motivo de esperanza, y a la vez un fuerte reto. Cada año más de 3.000 jóvenes se plantean a menudo su posible vocación consagrada, y a unos 36.000 les pasa por la cabeza. Sin duda el trabajo pastoral y el testimonio de vida son los instrumentos de los que Dios se sirve de modo ordinario para suscitar estos pensamientos vocacionales. Unos 800 al año deciden entrar en los Seminarios y noviciados. Significa esto que tenemos todos una responsabilidad para ayudar a los jóvenes a que clarifiquen su vocación, y también a apoyarles a que hagan una elección libre. A veces tienen que superar una verdadera carrera de obstáculos cuando han tomado la decisión vocacional. Los obispos coincidían en que el acompañamiento personal y la calidad de vida cristiana de los grupos es esencial en este tema. El verano ofrece buenas oportunidades para el discernimiento y la maduración. Que el Señor bendiga con su gracia tantos encuentros y convivencias, campamentos, marchas, días de retiro, campos de trabajo y servicio de voluntariado de grupos juveniles a lo largo de estas vacaciones. La mano de Dios no se ha cerrado, sino que sigue regalando sus dones. Y el corazón de los jóvenes sigue estando abierto a la generosidad y a las entregas radicales. José Luis Moreno Martínez |