RetrocesoA&ONº 270/26-VII-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
Cuando lo que estorba es el hombre, el hombre concreto con nombre y apellidos, y familia, y problemas, y esperanzas..., que es a cuyo servicio debería estar todo lo demás, acaba empezando a ocurrir lo que tan maravillosamente ha plasmado Mingote en la ilustración a este comentario, y termina ocurriendo esa indigna y denigrante vergüenza del pasado fin de semana en Génova. ¡Cuánta hipocresía y cuánta manipulación de buenas voluntades por parte de unos bien entrenados grupos revolucionarios de esa inequívoca matriz ideológica totalitaria que tantos millones de muertos ha causado durante el siglo XX, y que pretende manchar nada menos que la palabra mártir aplicándola a un vándalo con bombona! Claro que la protesta es un derecho, pero la violencia es un error. Y utilizar la pobreza y la injusticia, bajo el lema bárbaro de destroza, que algo queda, como elemento ideológico, cuyo único fin es la violencia por sí misma y el nihilismo subversivo, revela una vez más hasta qué punto, si el hombre se deja manejar, se convierte en un títere y en un pelele. Cualquiera que hubiera leído los periódicos italianos de la víspera sabía lo que iba a ocurrir. Habían cantado el programa hasta en ruedas de prensa: Todo medio es lícito. El error de las autoridades italianas ha sido tolerar la ley de la selva y no prevenir a tiempo, y permitir armas insensatamente, por un lado y por otro. Si todo vale, ¿a qué viene lamentarse luego?

Como muy bien ha sintetizado Ignacio Sánchez Cámara, la desobediencia civil ni puede ser violenta, ni atentar contra los derechos legítimos de las personas.

Un mi amigo, viejo trovador y juglar zumbón, Hernando de Marcilla, me pasa recado en clave: No estaría de más, amigo Berceo, me dice, que por una vez, y sin que sirva de precedente publicitario, interpelases a Diego de Medina sobre eso de los «católicos profesionales». Debe ser algo que sólo se puede saber por experiencia propia. ¿Cómo calificar a quien osa calificar a los demás de católicos profesionales? ¿Tal vez ultracatólico superprofesional, o simplemente católico de vía estrecha y de no menos estrechas entendederas? Yerra la flor de Medina si cree que los lectores no saben de qué va; los asiduos de este rincón son gente avisada y avezada a ver crecer la hierba.

Con Dios, don Diego; cuídese vuesa merced el caletre, que los soles digitales -y más los estivales, tan ponzoñosos- suelen subirse a la sesera. ¡La color debiera subírsele a vuesa merced, si persiste en no apreciar el siempre necesario, sereno y equilibrado discernimiento y mesura para, in tempore opportuno, desenmacarar el mal, menor o mayor que fuere, que eso el tiempo y el buen sentido común lo dirán! ¡Gracias, don Hernando amigo, por el aviso y, una y no más, ya digo, cumplido queda el encargo! Para fin de temporada..., recados en clave...

¡Qué diver, oigan! Feliz agosto.

Gonzalo de Berceo