RetrocesoA&ONº 270/26-VII-2001SumarioEn portadaContinuar
Siempre quise ser católica

Con 13 años ya sentí que quería ser católica. Mi abuelo era católico, aunque se casó con una no católica. De todos modos, creo que mi abuela y mi madre eran mujeres mucho más católico-europeas y vivieron sus vidas dedicadas a la fe y a la familia y la buena comida. Con 17 años fui a Francia por primera vez y estuve con dos familias francesas con muchos niños. El marido iba cada mañana a misa, y veía que la fe estaba en el centro de sus vidas, junto a la oración y devoción a la Virgen María.

Me crié con muchos católicos y mi mejor amiga, con quien viajé a los Estados Unidos con 21 años, me mostró la fuerza de su fe, al perder a su madre. Me enseñó a rezar. Mi abuela se convirtió al catolicismo después de conocer al cardenal Hume, por entonces monje benedictino en Prinknash (Gloucestshire), donde la evacuaron durante la guerra. Tomar esa decisión fue muy difícil para ella en aquel tiempo y en este país. Tuve la oportunidad de encontrarme con este hombre de fe, de vez en cuando, en eventos familiares.

Fue en Londres, en 1984 -21 años después de casarme y siendo madre de tres niños-, cuando compré el libro del cardenal Hume Ser un peregrino, en mi primera visita a una librería religiosa. Esos títulos de Conocer a Dios, Amar a Dios, Servir a Dios, Perdón, Humildad, Reconciliación, Oración, me decían algo. ¡Dios ha hecho tanto por mí! ¿Qué hecho yo por Él?

Me críe en una privilegiada y adorable casa británica de clase dirigente; fui a un internado de clase alta, rezaba con la Iglesia de Inglaterra, votaba a los conservadores y veneraba a la Familia Real. ¿Estaba Dios en todo esto? No sé por qué dejé de ir a mi iglesia local. Demasiada obligación sin alegría alrededor de mí, tanta gente en el mundo en dolor y pobreza, y yo, ama de casa, no hacía un trabajo del que me había sentido orgullosa. En 1986 cuando mis padres murieron, y nuestro hijo James, de 21 años, iba a viajar a India como voluntario. Encontramos entonces a Ann Blaikie, una conversa al catolicismo y voluntaria de la Madre Teresa. Estaban ayudando en todo el mundo. James podía ir, y ayudar a las Hermanas. Empecé a ir a encuentros con ella y tuve el maravilloso privilegio de encontrar a la Madre Teresa de Calcuta. Su mensaje de cuidar a los niños siempre había estado en mi cabeza. Un día Ann me sugirió ir a misa con ella. Encontré a la persona justa en el lugar adecuado. Con la familia ya crecida, fui capaz de tomar la decisión de ser guiada a la comunión plena con la Iglesia católica, con el apoyo de la familia, mi madrina Ann Blaikie y de mi párroco de Bramley, el padre Tom.

Asistí al primer rito de elección en la catedral de Arundel con nuestro obispo monseñor Cormac Murphy-O´Connor, hoy cardenal arzobispo de Westminster, y pasé a ser católica en la Vigilia Pascual del 10 de abril de 1993. Había venido a casa. Desde ese día mi vida cambió gradualmente. Algunas cosas han sido difíciles, ya que los católicos siguen siendo minoría en este país. Mi visita a Lourdes con el cardenal Murphy-O´Connor, e ir a Wintershall a la casa de Peter y Ann Hutley para el rezo del Via Crucis en su hermosa finca, me llevó a ir con ellos a Medjugorje y compartí las razones por las que ellos comenzaron el viaje de la fe, la conversión y devoción a la Virgen María. En los cursos para los nuevos católicos todavía sigo descubriendo más cosas de la fe católica.

¿Por qué tanta gente se convierte al catolicismo? Creo que, como yo, mucha gente ve una falta de espiritualidad y de fe, a pesar de tanta educación y oportunidades. Quizá la Iglesia de Inglaterra no ha dicho demasiado a la hora de mostrar directrices en estos tiempos de tanto materialismo y cambios en los estándares morales. El Papa se ha esforzado incesantemente en proponer directrices sobre la vida familiar.

Creo que el cardenal Hume, durante 25 años, ha impresionado a muchos con su acercamiento discreto y humilde, y ha mostrado a todos la importancia de Dios en su vida a través de su fe católica, y que la autoridad viene de Jesús que encomendó a su discípulo Pedro que apaciente sus corderos, construya su Iglesia, la piedra de la Iglesia cristiana, con la Eucaristía en el centro.

Para mí encontrar a la Madre Teresa, al cardenal Hume y a Ann Blaikie ha sido lo que me ha llevado finalmente a tomar la importante decisión de entrar en plena comunión con la Iglesia católica. Algo de lo que jamás me arrepentiré. Ahora sé que Dios nos ama donde estamos y seamos quienes seamos.

Lindy Dean