RetrocesoA&ONº 270/26-VII-2001SumarioEn portadaContinuar
Una imposición desde las altas esferas

En la Inglaterra de los inicios del siglo XVI existía una floreciente Iglesia católica. El anglicanismo fue una imposición de la monarquía y no fruto de corrientes protestantes y anticlericales unidas en la isla. Los ingleses eran buenos católicos, y tales hubiesen permanecido si sus párrocos hubiesen permanecidos fieles al Papa y no, por política, al rey. Hoy, Inglaterra es completamente pagana y estoy convencido de que la jerarquía católica hace mal si cree volver a llevar el catolicismo a este país con un programa, bastante tímido y modesto, de establecer algunos valores comunes compartidos por la sociedad. La Iglesia debe concebirse rica de algo que decir a una cultura que no conoce nada de Cristo.

Nadie podrá poner en duda que la Reforma inglesa fue conducida desde las altas esferas. Hacia los años 40 comunidades enteras se hicieron protestantes y hubo un porcentaje suficientemente amplio de la élite política para la alternancia de poder y para andar en esa dirección. Por eso la Reforma cuajó. Con la reina Isabel se vio claro que no había modo de volver atrás. Muy lentamente, muchos exponentes de las familias aristocráticas tiraron la toalla y se conformaron.

Creo que el elemento clave de la entera Reforma inglesa haya sido el conservadurismo: el hecho de que la gente quería permanecer unida con los vecinos, trabajar juntos donde los propios padres habían trabajado y sentarse sobre los mismos bancos de la parroquia donde estaban sepultados los más queridos.

En una serie televisiva sobre el arte británico, la Reforma parecía que hubiese sido un incidente que había causado la destrucción de muchas esculturas y el blanqueamiento con cal de la mayor parte de nuestros frescos medievales, más que un hecho religioso que había dado forma al carácter inglés.

Estamos insertos en un flujo cultural caracterizado por una gran incertidumbre sobre los valores morales. Creo que el catolicismo, en particular gracias a este Papa tan fuerte y firme, tiene un gran atractivo sobre la gente. Aparece dotado de una robusta columna vertebral de convicciones y de estabilidad en un momento en el que la Iglesia nacional aparece cada vez más confusa e incoherente, tanto desde el punto de vista doctrinal como institucional. Nos encontramos en la curiosa situación de tener un Papa que cree apasionadamente en muchos movimientos laicos.

Sigo convencido de que la Iglesia católica en Gran Bretaña deba volver a comprender su misión y desarrollar una pastoral que no se reduzca a mantener el papel de la Iglesia en la sociedad, sino que sepa andar al encuentro de una cultura sustancialmente pagana.

Eamon Duffy,
profesor de Historia de la Iglesia, en la Universidad de Cambridge