RetrocesoA&ONº 270/26-VII-2001SumarioEn portadaContinuar
Entrevista con el cardenal Cormac Murphy-O´Connor, arzobispo de Westminster
Se necesita realismo y radicalidad,
en la Iglesia

l arzobispo de Westminster, cardenal Cormac Murphy-O´Connor, de 67 años, es conocido
por su humanidad y capacidad pastoral. Presidió de 1983 a 1989 la Comisión para el diálogo
entre católicos y anglicanos. Es amigo personal del Primado anglicano

B.R.M.

En el pasado Consistorio propuso el Reino Unido como sede para el Encuentro Pancristiano, que no pudo celebrarse en el 2000...

Sí. Creo que el Santo Padre es el único que puede convocar y presidir un encuentro de este tipo, debido a la comunión real que existe entre todos los cristianos. El camino ecuménico no es fácil: es largo, y facilitaría que se discutieran ciertas cuestiones: ¿cómo de real es la comunión que existe entre nosotros?; ¿cuáles son las oportunidades para dar un testimonio común sin marcha atrás? Un encuentro para orar y comprender que lo que nos une en Jesucristo es más importante que lo que todavía nos divide.

¿Qué razones hay detrás de las muchas conversiones al catolicismo?

La Iglesia católica en Inglaterra resulta atrayente a muchos, incluso a cristianos no católicos, o a gente que no tiene religión, por la firmeza de nuestra doctrina, la riqueza y fuerza de nuestra tradición cristiana. Algunas conversiones han tenido lugar por las dificultades experimentadas en otras confesiones, particularmente en la Iglesia de Inglaterra. La cuestión clave para muchas de estas personas es: ¿dónde reside la autoridad en la Iglesia, que autentifica la tradición de lo verdaderamente cristiano?

¿Se está siguiendo el mismo camino que le llevó a Newman a la conversión?

La ordenación de mujeres, más que la razón, fue la ocasión para muchos, que estaban preocupados por los cambios en la Iglesia anglicana. Muchos se dieron cuenta de que la verdad de su fe estaba en la Iglesia católica. Fue un paso particular que tuvo fundamentalmente que ver con la cuestión de la autoridad: quién tiene el derecho de cambiar una antiquísima tradición de la Iglesia.

¿En qué punto se encuentra el diálogo actual? ¿Es posible la reconciliación?

El diálogo debe continuar. Las cosas son difíciles, particularmente la cuestión de la ordenación de mujeres; pero no tenemos otra opción que continuar. El Concilio Vaticano II y los sucesivos Papas, desde entonces, han dicho que debemos continuar con el diálogo, por difícil que sea, porque es la voluntad del Señor, y la voluntad de la Iglesia. Y si me dices si tendrá éxito, yo creo que no es sólo obra nuestra; también, sobre todo, es la obra de Dios, y debemos confiar en Él.

¿Se avanza algo en el reconocimiento del Primado de Pedro?

La Iglesia católica en este país publicó recientemente un documento titulado Un Pan, un Cuerpo, en el que mostramos muy claramente la enseñanza de la Iglesia católica sobre la Sagrada Eucaristía, nuestra doctrina sobre la comunión. Para recibir el Cuerpo de Cristo, uno debe estar unido con el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Hay excepciones en las que alguien que está en una comunión real, pero no plena, puede recibir la comunión. Creo que empiezan a entender nuestra disciplina en esta materia, aunque muchos no estén de acuerdo con ella. Es una de las cuestiones claves en nuestro diálogo.

¿Cuál es el principal desafío de la Iglesia al comienzo de este nuevo milenio?

Asegurar que la educación de la fe en el pueblo católico se haga de tal forma que sea capaz de llegar a la cultura de cada tiempo. Vivimos en una sociedad occidental dominada por una mentalidad tan consumista, que no mira a las grandes cosas que importan: por qué estamos aquí, Dios, cuál es nuestro Destino, cómo debemos vivir. Nuestro reto es presentar su enseñanza, la Buena Nueva de Jesucristo. La gente desea a Dios, busca. Tenemos que atender esa necesidad. Lo hacemos a través del modo como vivimos nuestra vida. La Iglesia católica no es una estructura. La estructura es importante, pero la clave es que es una comunión, una comunidad de creyentes que rezan y se encuentran juntos. Nuestra fuerza siempre ha estado en la comunión.

¿Qué es lo que más le llamó la atención en el último Consistorio?

La universalidad de la Iglesia, la serenidad de la Iglesia. Escuchas a estos hombres de cierta edad, y al Papa, que afrontan grandes problemas y desafíos, serenos en su fe, y con la certeza de que el buen Dios nos permite llevar a cabo nuestra misión. Me impresionó particularmente el ejemplo de Juan Pablo II.

En el Reino Unido se ha aprobado recientemente la clonación terapéutica, ¿qué dice la Iglesia?

Nuestra actitud es muy clara, y contraria a la clonación terapéutica. Creemos que el embrión debe ser tratado con respeto. Crear nuevos seres humanos de ese modo no es natural ni acorde con el designio de Dios.

La secularización de la sociedad crea dificultades, pero es toda una oportunidad, una nueva evangelización. Dios mira de nuevo a nuestra cultura, y nos indica cómo proclamar en ella esa Buena Nueva. Hay muchísimos jóvenes que quieren vivir una vida cristiana. Son precisamente los jóvenes los mejores testigos. Es muy importante reunir a la gente joven para mostrarles con alegría el Evangelio, y ellos mismos serán evangelizadores.

¿Qué es lo más característico del catolicismo británico?

El catolicismo británico tiene una larga y gran historia en este país. En los últimos cuatro siglos ha estado marcado por la persecución bajo la Reforma, con muchos mártires. Ahora, ya no. Creo que una de las características del catolicismo inglés es la devoción a la Virgen María, al Papa, y también cada vez más, un mayor deseo de evangelización.

¿Cómo se ve desde aquí el catolicismo español?

Creo que somos una buena combinación. Los ingleses son realistas, y los españoles son más radicales. Se necesita el realismo de la fe y el radicalismo de la fe. Juntos somos una combinación poderosa para la reevangelización.

¿Qué juicio le merece Juan Pablo II?

Juan Pablo II ha sido un gran regalo para la Iglesia. Y pasará a la Historia como uno de los grandes Papas de la Iglesia.