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Mientras apreciamos las oportunidades para el crecimiento económico y la prosperidad material, la Iglesia no puede dejar de manifestar su profunda preocupación por que nuestro mundo siga dividido, no ya por los antiguos bloques políticos y militares, sino por una trágica línea divisoria entre los que pueden beneficiarse de las oportunidades de progreso real -el Papa ha hablado de una revolución de las oportunidades-, y aquellos que se ven excluidos de ellas: Es un párrafo que pertenece al discurso pronunciado por el Papa Juan Pablo II, en Castelgandolfo, recién concluida la Cumbre de Génova sobre globalización, ante el Presidente George Bush de los Estados Unidos, a quien por vez primera ha recibido durante media hora en audiencia, tras la reciente elección del Presidente norteamericano. El mundo sigue mirando a América con esperanza -añadió el Papa-, pero lo hace con aguda conciencia de la crisis de valores que experimenta la sociedad occidental, cada vez más insegura frente a las decisiones éticas indispensables para el futuro de la Humanidad. Según la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tras el encuentro privado entre el Papa y el Presidente, que se celebró con gran cordialidad, Juan Pablo II saludó a la primera dama Laura Bush, y a la hija del Presidente, Bárbara. Juan Pablo II y Bush pasaron revista a los temas más importantes de la comunidad internacional: la reciente Cumbre del G8 en Génova (La violencia -ha reiterado el Papa- no es el camino para resolver los problemas existentes), la situación en Oriente Medio, el respeto a los derechos humanos, entre ellos el derecho a la libertad de religión, especialmente en Asia, el derecho a la vida (condena del aborto, de la eutanasia y del uso de embriones humanos), la solidaridad con los países en vías de desarrollo y la atención a los más pobres. Recientemente, Bush ha alabado la extraordinaria fuerza moral de Juan Pablo II: Portador del mensaje que nuestro mundo necesita escuchar. Nuestra nación no debe olvidar las palabras que el Papa nos dirige. Damos gracias a Dios por este hombre excepcional, siervo de Dios y héroe de la Historia, que nos recuerda que los más pobres, incluso cuando son olvidados por los hombres, nunca son olvidados por Dios. En la foto, el Papa y el Presidente Bush, en la Sala de los Suizos, del Palacio Apostólico de Castelgandolfo |