RetrocesoA&ONº 270/26-VII-2001SumarioRaícesContinuar
Una obra recoge la historia y la intrahistoria
de los monasterios cistercienses burgaleses
El Císter en Burgos
En la provincia de Burgos se alzan, majestuosos, seis monasterios cistercienses. Cada uno con una historia,
toda una vida medida en siglos y antecesores que buscaban, igual en nuestros días que hace cientos de años,
a Dios en la contemplación. Conviven con los habitantes de los pueblos, en montes y en medio de las ciudades,
y son grandes vecinos desconocidos. Cambian esos pueblos, y en los paisajes y en las ciudades
pasan los años haciendo estragos, pero los monasterios se mantienen intactos, por dentro y por fuera.
El Císter, que cumplió en el año 98 nueve siglos de existencia, recibe un homenaje especial
en la obra de Miguel Martínez Antón, El Císter en Burgos
A. Ll. P.

En la Edad Media, el camino de las estrellas que conducía a los peregrinos hasta Santiago de Compostela pasaba por el camino de los monasterios. Occidente, en aquella época de expansión monástica, acogía a millares de ellos. Pero con el pasar de los siglos, de los miles de monasterios que se levantaron en el fervor de la contemplación, de aquellos edificios sobrios y fuertes como la fe de sus moradores, sólo quedan un millar en todo el mundo, y unos 130 en España.

En el año 1998 se celebraba el IX Centenario de la fundación del Císter y de la Orden cisterciense. Era una excusa excelente para que, con el apoyo inestimable de Caja de Burgos, Miguel Martínez Antón, en la obra El Cister en Burgos, resumiera el rostro exterior y el rostro interior de lo cisterciense: cómo nace el Cister, quiénes son los primeros protagonistas, de qué modo comienza a andar y a organizarse la Orden, qué camino hay que seguir para hacerse monje o monja cistercienses, qué valores espirituales se defienden, cómo se organiza un monasterio cisterciense, y cómo se vive dentro de él.

Se trata de un volumen elaborado con cuidado y esmero para celebrar el cumpleaños centenario de una Orden que nació con un propósito específico: reconducir la disciplina de los monjes benedictinos de Cluny a los orígenes de la Regla de San Benito. De este proyecto, que comenzó con la escisión de tan sólo un pequeño grupo de monjes, quedan hoy en España bastantes testigos vivos, monjes y monjas contemplativos, en constante búsqueda de Dios. Viven a nuestro lado, son vecinos de muchos, en pueblos y ciudades; sin embargo, no los conocemos. Este libro va más allá de los recios muros de los monasterios cistercienses. La vida de sus habitantes se explica tal y como son ellos, de forma sencilla, adentrándose en las dependencias de los monasterios, mostrando lo que los ojos del resto de los humanos no podrían nunca ver. Acercándose a las vidas contemplativas que tan poco comprendidas resultan, dejando claro que, tanto la Orden benedictina como la cisterciense, han sido un referente cultural durante muchas generaciones, y que quien desee conocer la historia de la espiritualidad y la historia de las mentalidades en el contexto cultural de Europa, tanto si se hace desde una perspectiva creyente como no creyente, está obligado a detenerse en la historia de los monasterios, como explica el autor del libro, Miguel Martínez Antón.

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Burgos ha visto crecer, a lo largo de los siglos, al conjunto monástico de Santa María de los Mártires de Cardeña, un lugar muy visitado y querido por los burgaleses, y que algunos historiadores han considerado como el primer cenobio de monjes benedictinos fundado en España. Aunque no se tienen datos exactos de su fundación, puede haber existido ya en el siglo VIII.

Emplazado en la misma ciudad de Burgos, sobrevive al paso del tiempo el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas. Pertenece a la parroquia de San Antonio Abad, y da nombre al barrio en el que ambos se encuentran. Data aproximadamente del siglo XII, y en él habita una comunidad bastante numerosa, ya que constituyen el mayor conjunto monástico del Cister femenino: 44 monjas con una media de edad de 65 años, de las que 34 están presentes en el monasterio, 6 se encuentran en una fundación peruana, y las otras 4 prestan servicios en diferentes comunidades de la Congregación.

Al sur, en la misma ciudad de Burgos, se encuentra el moderno monasterio de las Bernardas: monasterio cisterciense de San Bernardo de Burgos. Anteriormente, tenía un primer asentamiento en el pueblo de Renuncio, a siete kilómetros de Burgos. Allí permaneció por lo menos cuatro siglos, hasta su traslado a la ciudad. Después de varias ubicaciones distintas, finalmente en 1970 se comenzaban las obras para levantar el actual monasterio.

San Felices de Calatrava, situado en el barrio de San Cristóbal de Burgos, a seis kilómetros del centro de la capital, es también un edificio de construcción moderna, ya que estuvo sometido a diferentes asentamientos desde su fundación, en el siglo XIII, cuando nació, en la villa del mismo nombre. A partir del siglo XVI, comenzó su andadura por distintos lugares de la ciudad burgalesa, hasta terminar en su ubicación actual, en el año 1980.

Un monasterio rural, el de las monjas cistercienses de Santa María de Vileña, en Villarcayo, se suma a los demás monasterios de la Orden en la provincia de Burgos. Su fundación data del siglo XIII, en Vileña, un municipio próximo a Briviesca. Un incendio destruyó por completo, en el año 1970, el monasterio donde vivían, viéndose las religiosas obligadas a abandonar su hogar para trasladarse a su actual emplazamiento: el pueblo de Villarcayo.

Finalmente, Santa María la Real, de Villamayor de los Montes, es el último de los seis monasterio cistercienses de la provincia de Burgos, situado en la comarca de Lerma. Se trata de un conjunto arquitectónico enorme y antiquísimo, dotado de diferentes edificios como la casa del capellán, la de la demandera, el almacén, la hospedería, el obrador, así como del jardín, la huerta y espacios libres. La primera mitad del siglo XIII vió nacer a este monasterio, gracias al Conde burgalés Garcí Fernández, que, junto con su esposa, adquirieron, en Villamayor, la propiedad de un monasterio de Canónigos Regulares para fundar otro de monjas cistercienses, dependiente de Las Huelgas de Burgos.