RetrocesoA&ONº 263/7-VI-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver oír... y contarlo
El camino del hombre
J. F. Serrano Oceja
pserrano@planalfa.es

Juan Manuel de Prada, arcipreste del buen escribir, vate del buen saber, preste del claro entender, afirma, dirigiéndose a los periodistas Cruz Morcillo y Javier Prieto, en su columna del pasado lunes, en el diario ABC: El milagro del periodismo, que consiste en hacerse eucaristía en cada lector, ha tomado asiento en vuestra pluma y en vuestra cámara. El milagro del periodismo es la epifanía del hombre y de lo eterno presente. De un hombre retratado en su humana esperanza, en un mundo que parece estar regido por la desesperanza. Charles Moeller escribió sobre Camus: ¿Cómo no amar a un hombre que, en medio de nuestro mundo de la hora veinticinco, de náusea, de "desprecio del hombre", ha escrito estas líneas: "En el hombre hay más motivos de admiración que de desprecio"?

Y si no, que se lo pregunten al biógrafo apasionado de Camus, Bernard-Henri Lévy, que, en una serie en el diario El Mundo, desde el pasado domingo, describe Las guerras olvidadas, de Angola, Burundi, Sri Lanka, Sudán y Colombia. En el preludio a la radiografía de los conflictos armados, leemos: Al horror de morir se añade el horror de morir por nada. Y al horror de morir por nada, el de morir en medio de la indiferencia de los hegelianos espontáneos que somos y que, de la irracionalidad de una situación, concluimos su cuasiirrealidad, y de ésta desembocamos en la inutilidad de mezclarse con ella.

Norberto Bobbio, en una entrevista publicada en el último número de la revista Época, firmada por Pierre Milza, a la pregunta sobre si es optimista o pesimista respecto al futuro de la Humanidad, al futuro del hombre, contesta: ¿Cómo no ser pesimista? A finales del siglo XIX, estábamos convencidos de que podíamos cambiar al hombre, de que la ciencia generaba necesariamente el progreso, no sólo técnico, sino también moral. Creíamos que la enseñanza era la clave de la evolución positiva de los individuos y de las sociedades. ¡Todo esto era tan sólo una ilusión!

Citados los procesos de educación, en el último número de la revista La Ilustración liberal, Julia Escobar entrevista a la pedagoga Inger Enkvist, quien hace el siguiente diagnóstico sobre el denominado infantilismo de la educación y el proceso de la autonomía del alumno: Lo que me ha llevado a esto es la crítica contra algunos métodos, generalmente aceptados, sobre la educación en todos los países occidentales, una de esas ideas es la que se suele llamar la "autonomía del alumno", con la que se pretende desarrollar la independencia del alumno en el nivel del pensamiento y de la adquisición de conocimientos. En realidad, lo que se busca muchas veces es quitarle importancia a la relación entre el alumno y el profesor, pero una de las consecuencias es que el alumno, supuestamente, tiene que pasar por todo el desarrollo de la Humanidad él solo, lo cual es imposible.

Todo esto se ha puesto en marcha con la idea de que el alumno pueda integrar mejor las ideas que él mismo encuentra. Lo que ha sucedido en realidad es que casi siempre, en los colegios e institutos, el alumno se dedica a tareas bastante mecánicas, porque son las únicas que puede realizar sin la ayuda del profesor, y todo esto va en detrimento del desarrollo del pensamiento. Esto está basado en la idea romántica del ser humano, procedente de Rousseau, y tiene que ver con la idea de que las personas son buenas en sí mismas y se estropean por la formación de los maestros, en una palabra, por la cultura. Se piensa que, si se deja en paz al niño o al joven, podrá desarrollarse por sí mismo y llegará a ser una persona más creativa que si está sujeto a una formación controlada o supervisada.

Otra idea que coincide en el tiempo con la moda de la autonomía del alumno es la insistencia en la importancia de la tecnología en la educación. La tecnología ha sido presentada por parte de los políticos como una modernización, como una manera de preparar al alumno para el mercado laboral y para dar una ventaja al país en la competición con otros países, pero cuando se juntan las dos ideas —la de la tecnología y la de la autonomía del alumno— hay efectos perversos, porque se utiliza para que el alumno busque por sí solo materiales en Internet, en vez de proporcionarle un manual escrito por un especialista en la materia. De esta manera se elimina la posibilidad de trabajar el pensamiento en clase. También la posibilidad de la discusión en grupo, puesto que cada cual trabaja en su pantalla, y si todos son autónomos y trabajan en campos diferentes tampoco tienen una base en común que pueda hacer interesante una discusión. Se supone, además, que el alumno va a poder encontrar un material interesante sobre algo que todavía no conoce. En una palabra, se supone que cualquier alumno, sin preparación alguna, sin madurez, sin disciplina, es un autor de manual en potencia.

En el último número de la revista Nuestro Tiempo, Http://www. nuestro-tiempo.com//, José Antonio Marina, preguntado por Santiago Fernández-Gubieda, diserta sobre la ultramodernidad de la postmodernidad. El diagnóstico sobre nuestro universo mundo es el siguiente: Hay una situación de expectativa ante los enormes cambios que se avecinan. La globalización de las tecnologías informáticas ha puesto sobre la mesa la función de las culturas locales. La inmigración, consecuencia de los nuevos cambios económicos, va a traer serias complicaciones. Estamos en una encrucijada: si vamos por un camino podemos resolver problemas endémicos de la Humanidad, y, si vamos por otro lado, podemos agudizarlos. La realidad está esperando qué hacemos con ella. Y yo me pregunto: ¿hay algún otro camino que no sea el del hombre, todo el hombre y todos los hombres, como respuesta? Nunca la encíclica Redemptor hominis ha sido tan actual.