|
|
|
Nuestras comunidades cristianas dice Juan Pablo II en la Carta Novo millennio ineunte tienen que llegar a ser auténticas "escuelas de oración", donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el arrebato del corazón.
En la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia en España celebra la Jornada Pro orantibus. Es una ocasión para dar gracias por el don de la vida monástica como una forma específica de consagración, cuyo silencio elocuente y soledad habitada son un precioso testimonio, una necesaria profecía para quienes estamos en otros surcos de la tierra eclesial. El lema de la Jornada de este año es: Los monasterios: escuelas de oración. Precisamente, entre los servicios que la vida contemplativa ha prestado al pueblo de Dios, resalta el intento de mantener vivo el ejercicio de la oración en sus diferentes modos, tanto comunitaria como personal. Los últimos Papas y el Concilio Vaticano II han animado a los monjes y monjas de vida contemplativa a que abran las puertas de sus hospederías para acoger a hombres y mujeres necesitados de soledad, paz y contacto con Dios. Si los monasterios deben ser como semilleros de edificación del pueblo cristiano, han de serlo principalmente en el campo de la oración. Los monasterios tratan de responder desde su propio carisma a una auténtica necesidad de estos tiempos en los que los hombres y mujeres están ahítos de bienestar y consumismo y buscan, a veces sin saberlo, algo que llene su corazón hambriento y sediento de trascendencia, silencio, paz y felicidad. Y esto sólo Jesús lo puede dar. Una auténtica espiritualidad de comunión significa una mirada del corazón hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Los obispos españoles |