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Historias de la Biblia En Canaán, Dios le dijo: No temas, Abram, porque yo soy tu escudo. Abram, que quería mucho a Dios pero el viaje resultaba agotador, le contestó: Señor, ¿qué vas a darme Tú? Si ya tengo próxima la muerte, y no tengo hijos
, mi único heredero será uno de mis sirvientes. Y entonces, Dios replicó: No, tu heredero no será un sirviente, será alguien salido de tus entrañas. Levanta tus ojos al cielo y cuenta las estrellas, si puedes. ¿No puedes, verdad? Pues, Abram, así será tu descendencia. Llegarás a ser padre de una muchedumbre de pueblos. Y ya no te llamarás más Abram, sino Abraham, porque yo te hago padre de una muchedumbre de pueblos. También le dijo Dios a Abraham: Tu mujer ya no se llamará más Sarai, sino Sara. Yo la bendeciré y te haré tener de ella un hijo. Abraham entonces se echó a reir, diciéndose a sí mismo: ¡Pero cómo va a ser madre Sara, a los 90 años, y yo a los 100! Pero Dios le replicó: Pues sí, tendrás un hijo y le llamarás Isaac. Yo estableceré con él mi alianza.
Abraham
(parte I)
Abraham vivía en la tierra de Jarán con su mujer, Sarai, el resto de su familia y sus rebaños. No habían tenido hijos. Un buen día, escuchó la voz de Dios que le decía: Sal de tu casa, deja a tu familia y ve a la tierra que yo te indique. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré grande tu nombre. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Abram, que quería mucho a Dios y creía en Su Palabra, le hizo caso, y partió a donde Él le decía. Era bastante anciano; tenía ya 75 años, y emprendía un viaje muy, pero que muy largo.
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